mercoledì 26 dicembre 2012

Reminiscencias

Leo mis diarios de los últimos años. Leo mis diarios y me sorprende leer en ellos lo que creía no saber y que ahora sé.

Quizá necesitaba un poco de silencio para integrar todo lo que llevaba escribiendo estos últimos años en mis diarios. Si no, ¿cómo es posible que lea ahora en mis diarios de hace dos años cosas que, pensaba, formaban parte de lo que yo creía eran mis descubrimientos, maravillosos, de estos últimos meses, meses que para mí están siendo, de un modo íntimo y profundo, los más emocionantes de toda mi vida?

¿Acaso no estaba preparada para darle la importancia que se merecían aquellas reflexiones, aquellas descripciones de mis emociones y mis deseos y mis frustraciones que ahora sí le doy? ¿Qué ha tenido que pasar para que ahora pueda reconocer esas emociones, deseos y frustraciones?

Estos descubrimientos pues sólo son reminiscencias de mis propias palabras del pasado.

giovedì 20 dicembre 2012

Que mueran las palabras

Que mueran las palabras.

En este preciso instante María daría lo que fuera por que las palabras no existieran. María daría lo que fuera por que las palabras no existieran para que ella, María, no pudiera interpretar las palabras del pasado.

Me enfado con las palabras porque las palabras no me han dado ninguna respuesta. Las palabras sólo han hecho que María se equivoque profundamente.

Es por eso que hoy a María le gustaría que las palabras no existieran. Que sólo existieran los gestos, las caricias, su boca, las acciones, las miradas, las manos, es lo que a María le gustaría.

Si las palabras no hubieran existido y María sólo hubiera tenido que interpretar sus gestos, sus caricias, sus acciones, su boca, sus miradas, sus manos, las de Isaías, entonces ella, María, no se habría equivocado tanto.

Entonces, en un mundo sin palabras, ni Isaías ni María existirían. 

sabato 8 dicembre 2012

El nacimiento de un río

La respuesta estaba en tu interior. La respuesta estaba en mi interior.

No importa que los grandes profetas y maestros espirituales lleven milenios proclamando una y otra vez, una y otra vez, la respuesta está en tu interior, la respuesta está en tu interior. Este enunciado sólo aparentemente tópico sólo son palabras huecas, hueras, si no son pronunciadas desde mi interior.

Quizá por ello una poderosa imagen domina mi pensamiento estos últimos días: la imagen de un lugar donde brota el agua luminosa a borbotones, el agua que nace de la tierra, el nacimiento de un río.

Las corrientes de agua que se mueven por el interior de la tierra sind nicht zu sehen (no se pueden ver), pero esta agua que brota limpia el camino y me ayuda a reconocer, a aceptar, con más humildad cómo ciertamente llevo años buscando la respuesta en el exterior, cuando la respuesta sólo podía encontrala en mi interior.

El agua de este nacimiento está fría, y de tan fría, quema. Pero purifica.

domenica 25 novembre 2012

Evocación

El tema de esta semana es la evocación.

Estaba pensando en la evocación, y he pensado en el miedo. Quería hablar de cómo me sigo emocionando cuando pieso en Mathias, en cómo pensar en él me hace no pensar en muerte, sino en la vida. Y entonces pienso en el miedo.

La forma de mi ser es la evocación. Mi cárcel. Pienso. Entonces evoco una puesta de sol con Mathias y la evocación deja de ser cárcel y empieza a ser belleza. 

Esto me lleva a pensar si acaso mi malestar de esta semana no es otra cosa que mi capacidad de evocar todo lo vivido. Y todo lo vivido es también el miedo. Cómo soy capaz de, con sólo evocar el miedo, volver a sentirlo.

El miedo es también un fantasma que me angustia y me envuelve. Ein Gefühlsleben*.

También es también Isaías, que convive, junto a la evocación de los muertos y del miedo, como un Gefühlsleben.

Todo esto, que en semanas como esta me angustia y devora, resulta más llevadero si reconozco mi extraordinaria capacidad de evocación, de evocación de muertos y vivos.

Si acepto esta condición resulta un poco más cómoda esta cárcel de la evocación. También resulta más cómoda y acogedora si en esa evocación convive la presencia de personas como Mathias y las cosas bellas.

*Gefühlsleben: no encuentro palabra en castellano. Gefühl significa sentimiento y Leben vida. 

sabato 27 ottobre 2012

Contradicciones y John Banville

La vida está llena de contradicciones. Yo también estoy llena de contradicciones.

El verano pasado, después de leerme la nouvelle El Mar de John Banville, y después de comentar con mis colegas filólogos lo que para mí eran "faltas gramaticales imperdonables" en la traducción de, había leído, una de las obras mayores de la literatura contemporánea, escribí a la editorial Anagrama mostrando mi indignación ante el hecho de reconocer laísmos y leísmos, entre otros errores, que dificultaban mi lectura. La editorial Anagrama contestó amablemente a mi correo electrónico "lamentando la incomodidad que podría haberme causado este hecho en mi lectura".

Acaba de salir al mercado español la traducción de la nueva novela de John Banville, Antigua Luz. Nada mejor puede ocurrir una mañana de sábado que encontrarte con un artículo en el periódico que habla de prosa pura, de estilo, de la naturaleza del lenguaje, de la literatura con la que más disfruto. Y ninguna otra cosa puede ocurrir que leer acerca de los temas recurrentes en la cosmología del autor (el pasado y el recuerdo), para, en ese instante, recordar cómo en cierto momento de mi lectura de El Mar, de John Banville, al llegar a un bellísimo pasaje en el que el protagonista, como si fuera yo, relataba con sentida viveza una escena en un cine a oscuras que nunca iba a poder olvidar, comencé a llorar inconsolablemente durante horas.

El Mar de John Banville fue uno de los últimos libros que leí.  

venerdì 12 ottobre 2012

Lo juro

Lo juro. Juro que estaba convencida, segura, de que nunca, jamás, las reflexiones en torno al destino volverían a formar parte de mis pensamientos cotidianos. Era un compromiso íntimo que había establecido conmigo misma y así desterrar esa tendencia cursi y sensiblera tan propia de la adolescencia y de la postadolescencia (con lo que damos por hecho que he entrado en la etapa madura de mi vida). La fascinación leyendo Rayuela de Cortázar (y sus cuentos) tiene que ver con ello, por ejemplo.

Como decía, se suponía que las reflexiones en torno al destino, a si lo que nos ocurre es una simple concatenación de casualidades que acaecen fortuitamente ajenas a nuestra voluntad, o lo otro, la causalidad, la causalidad de aquello que nos sucede y que, sentimos, determina nuestro destino. Como decía, este tipo de pensamientos estaban destinados al ostracismo desde un tiempo a esta parte, decidida, como estoy decidida estos últimos meses, a simplemente (de nuevo, la cursiva), existir. A existir y a dejar a un lado reflexiones transcendentales de este tipo.

Sin embargo hoy, con luz de otoño y lluvia anunciada, me he reconocido, de nuevo, pensando en el destino. ¿He elegido yo trabajar donde trabajo ahora?,pensaba, sólo en parte, seguía pensando. No he elegido a mi familia, no he elegido a mis hermanos, ni el lugar donde he nacido, ni mi nacionalidad, ni no pasar hambre, ni mis dotes físicas e intelectuales. Por no elegir, pensaba yo esta mañana, ni siquiera elegí enamorarme de Satán, ni sentir aquel desgarro que hace poco he vuelto a recordar viendo la película "The Deep Blue Sea".

Antes de continuar, para que este texto forme realmente parte de la etapa madura de mi vida en la que me encuentro, he de afirmar rotundamente: era imposible que yo hubiera elegido libremente enamorarme de Satán. 

Y como decía, si yo no he elegido nada de esto, ¿qué está en mi mano elegir? ¿Que es lo que yo puedo elegir? Es entonces cuando he reconocido como una revelación, y como novedad en mi vida, cierta rebelación contra mi destino. Porque, admitámoslo,a pesar de que este tipo de pensamientos parecían muertos, lo cierto, y he de reconocerlo aquí, existen breves instantes, en mi vida al menos, en los que puede llegar a sentirse el destino. Y es en ese sentimiento, alejado de aquellas disyuntivas postadolescentes o formulaciones de preguntas erróneas, donde nace la verdad. 

sabato 18 agosto 2012

Desconectada

No existe ninguna conexión. No existe ninguna conexión entre el video que aquí inserto y lo que quiero decir en este post. Y me alegro.

No existe ninguna conexión entre Sibelius, su quinta sinfonía y el hecho de que un Mago me conquistara la otra noche con indescifrables trucos secretos que me condujeron a su casa y a su cama. (El hecho de que aquel señor fuera un mago me parece la explicación más plausible). 

Es imposible que exista alguna conexión, ni en este texto ni en su estructura profunda. Y me alegro. Me he cansado de tanto buscar conexiones. Miro atrás y sólo veo infinito, el tiempo infinito y sin medida en el que el ando sin rumbo buscando, buscando paradógicamente, conexiones de significado que sólo han hecho una cosa: desconectarme de mi propia existencia.


lunedì 16 luglio 2012

Jan Lindmayer

"Wir hören die vierte Symphonie von Brahms seit Jahren immer wieder, wieder und wieder, lieben den Karajan, noch mehr den Bernstein, bewundern Jansons, Abbado, Knappertsbusch und Celibidache. Und sogar mit Gardiner und Rattle können wir uns anfreunden. Am meisten lieben wir natürlich den glänzenden, ewig unübertroffenen Carlos Kleiber.
Doch dann...hören wir plötzlich Furtwängler...und ohne es zu wollen, fallen wir wehrlos in eine nie da gewesene morgendliche Ohnmacht rauschhaften Glücks". 

Intento de traducción al español: Escuchamos la cuarta sinfonía de Brahms desde hace años una y otra vez,  (immer wieder, wieder und wieder, esto os digo yo que es una influencia de Thomas Bernhard en Jan), una y otra vez, amamos la de Karajan, aún más la de Bernstein, nos fascina la de Jansons, Abado, Knappertsbusch y Celibidache. Incluso con la de Gardiner y Rattle podemos encariñarnos. La que más nos gusta es, naturalmente, la brillante, eternamente inmutable de Carlos Kleiber. Entonces, de pronto, nos econtramos con la versión de Furtwängler, y sin quererlo, "fallen wir wehrlos in eine nie da gewesene morgendliche Ohnmacht rauschhaften Glücks". Vaya, que esta frase no consigo traducirla, pero nos habla de felicidad y de zozobra inesperada.

Hace poco recibí este mensaje de Jan que aquí traduzco y que quiero compartir con vosotros, porque tiene un poco de Thomas Bernhard, porque está maravillosamente escrito (soy incapaz de reproducirlo, de interpretarlo, de traducirlo fielmente), porque conocer el alemán merece la pena cuando leo las palabras de Jan, cuando leo palabras como wehrlos, anfreuen...y porque es una forma de compartir con vosotros el gran amor que siento por Jan Lindmayer. Es algo así como esta frase que no os he podido traducir, "fallen wir wehrlos in eine nie da gewesene morgendliche Ohnmacht rauschhaften Glücks", lo que siento cuando Jan Lindmeyer viene a visitarme, un estado de alegría lleno de comprensión y escucha que no puedo traducir muy parecido a la alegría que puede sentir él cuando escucha la interpretación de Furtwangler de la cuarta de Brahms.

Amigos, atención a lo que llega en el minuto 20:58:


mercoledì 27 giugno 2012

Soledades de esquina

Tengo un amigo que vive en la plaza de Lavapiés.

La primera vez que vi a mi amigo estaba durmiendo sobre la rejilla de la ventilación del metro que encontráis en el centro de la plaza que encontráis entre el quiosco y la zona infantil de juegos. La gente pasaba sin mirar a su lado. Yo hice lo mismo. La gente del barrio debía de estar acostumbrada, pensé.

Así que yo también terminé acostumbrándome a verlo todos los días acostado junto a un cartón de vino sobre la rejilla del metro situada, como decía, entre el quiosco y la zona infantil de juegos. A los niños también les resulta fácil acostumbrarse a estas cosas.

Entonces era invierno y dormía al calor del aire que expulsaba el metro. Ahora que es verano se refugia en la sombra que le proporciona el edificio en el que vivo, situado en la esquina de una de las calles que baja a la plaza de Lavapiés.

Hace unas semanas lo vi escuchando una radio con auricurales. Parecía contento y cómo me alegré de que hubiera encontrado un entretenimiento. Unos días después, lo vi, en la misma esquina de mi casa, arreglando una bicicleta. Quizá mi amigo tenga una pasión que no ha podido desarrollar, pensé, las bicicletas, ser técnico de bicicletas, y me emocioné enormemente por él, porque mi amigo parecía contento, porque pensé que mi amigo podría haber encontrado una pasión que le salvara. Pero al día siguiente, al salir de casa, lo encontré vomitando, vomitando en la misma esquina donde encuentra la sombra del verano en la más profunda soledad, la misma soledad en la que dormía sobre la rejilla... ¿Porque acaso la soledad no es más profunda si esta es una soledad pública, en este caso, una soledad de plaza pública acompañada por los otros borrachos de la plaza y, peor aún, por todas las personas que pasan a su lado indiferentes a su existencia?

Y si hablo aquí de la soledad de mi amigo no sólo estoy pensando en la soledad de las ausencias. Estoy pensando, y es lo que me motiva a buscarlo cada vez que paso por la plaza de Lavapies, estoy pensando en la soledad del ser humano cuando llega el momento de enfrentarte a la mayor miseria, o a la mayor tristeza, o al mayor dolor, o a la mayor pena, que pueda albergar tu corazón. De esa soledad a la que todos nos enfrentamos cuando ha llegado la hora de abandonar esa miseria, tristeza, dolor o pena. O no. Esa búsqueda, o no búsqueda, sólo ocurre en la más íntima e insondable soledad. Por eso la soledad pública de mi amigo de Lavapiés me resulta, en ocasiones, impúdica y obscena.

Siempre he tenido tendencia a tomarme las cosas de una manera demasiado personal.

lunedì 18 giugno 2012

Perdóname

Tomar un café en la calle a las 8 de la mañana antes de entrar a la oficina y ver a un chico de unos 16 años de pie, nervioso, en la acera de enfrente mirando hacia los lados durante un buen rato. Pensar 'tiene un TOC' y quedarte observando para robarle una historia a la vida. A los 15 minutos el chico mira hacia arriba, hacia una de las ventanas del edificio de enfrente, saca una tiza del bolsillo y dibuja un trazo sencillo en el suelo. Ve a la policía y se incorpora rápidamente y vuelve a la acera. Está muy nervioso. Cuando todo se calma vuelve al asfalto. Está escribiendo. Definitivamente está escribiendo. Escribe una sola palabra culminada con un dibujito: una sonrisa y un guiño. "Perdóname". Así empieza un buen día.

mercoledì 30 maggio 2012

Los caracoles son hermafroditas


Aunque por definición no me guste la poesía de la experiencia (¿cuántas veces se me habrá oído decir en el pasado que sólo una poesía hay, y es la de Octavio Paz), se me olvidan mis principios si quien la escribe es Raymond Carver, y, sobre todo, si esa poesía de la experiencia fue escrita como ejercicio o pausa o reflexión de sus cuentos perfectos.

Y digo esto porque desde hace unos días vienen simultáneamente a mi mente una poesía de Raymond Carver que leí hace tiempo y una fotografía de opacos colores en el que la niña Marina está jugando con caracoles.

Juego buscando caracoles después de la lluvia de septiembre en el patio de mi casa y, cuando encuentro uno, me detengo embebida mirando cómo sale el caracol de su cascarón y pensando largamente y despacio en la naturaleza hermafrodita de este animal. Una niña no debería pensar en estas cosas cuando está jugando.

Aquí tenéis la poesía de Raymond Carver de la que hablaba:

Para siempre
A la deriva en una nube de humo,
sigo la raya que en el suelo del jardín deja un caracol
hasta el muro de piedra.
Solamente al final me acuclillo, veo
lo que hay que hacer y, de repente,
me adhiero a la piedra húmeda.
Empiezo a mirar lentamente alrededor
y a escuchar, utilizando para ello
mi cuerpo entero como el caracol
utiliza el suyo, relajado, pero alerta.
¡Atención! Esta noche es un hito
en mi vida. Después de esta noche,
¿cómo podré volver a mi
vida anterior? Mantengo los ojos fijos
en las estrellas, les hago señales
con mis antenas. Me sujeto bien
durante horas, descansando sin más.
Más tarde, la pena comienza
a gotear en mi corazón.
Recuerdo que mi padre está muerto,
Y que me voy a ir pronto
de esta ciudad. Para siempre.
Adiós, hijo, dice mi padre.
Casi al amanecer, bajo
y vuelvo errabundo a casa.
Todavía están esperándome,
el espanto aletea en sus rostros
cuando se encuentran con mis nuevos ojos por primera vez.

mercoledì 23 maggio 2012

Falsas proyecciones

A María le duele la garganta. A María le duele tanto la garganta (estoy escribiendo estas palabras y me duele la garganta), le duele aquí, dentro de la garganta, cuchillos afilados en mi garganta, y abro la boca, tengo que abrir bien la boca y sacar la lengua todo lo que da de sí mientras mi garganta emite indescifrables sonidos, ecos de palabras muertas que en el pasado no pude pronunciar, para calmar este dolor que es desazón.


Y porque aquellas palabras fueron impronunciables para María, Marina las dice ahora. Porque Isaías ya no puede escuchar esas palabras moribundas, Marina se las dice al carnicero los sábados por la mañana cuando va a hacer la compra, me haces tan feliz al tenerte aquí, se las dice al taxista, está claro que tenía que encontrarte, a su compañero de trabajo, deseo (deseo) que te quedes a mi lado, o a quien se le ocurre. Palabras no destinadas ni al carnicero, ni al taxista ni a mi compañero de trabajo, ni a quien se me ocurre.


Pero me sigue doliendo la garganta y estas palabras sordas me están ahogando.

Acepto las críticas. Acepto las críticas que me salvan del solispismo de este yo frustrado que sólo sabe expresarse en las palabras sordas que llevo escribiendo en este blog desde hace más de un año.

Estoy intentando decir que acepto las críticas de mi anterior post, tendente a sentimientos y estructuras postadolescentes. Porque es cierto, ¿cuándo empezaré a darme cuenta de que Isaías y María están agotados? ¿y por qué no aprovechar la fuerza que me da este nuevo renacer que estoy viviendo para defenestrar definitivamente a María e Isaías? ¿Por qué me resulta tan difícil aceptar lo que es verdad?

Quizá no ser capaz de aceptar la muerte de Isaías no sea otra cosa que una falsa proyección, un efecto protector ante mi incapacidad a aceptar (asimilar) lo que parece una de las pocas verdades irrefutables en esta vida...

domenica 6 maggio 2012

Palabras moribundas

A María le duele la garganta. A María le duele tanto la garganta (estoy escribiendo estas palabras y me duele la garganta), le duele aquí, dentro de la garganta, cuchillos afilados en mi garganta, y abro la boca, tengo que abrir bien la boca y sacar la lengua todo lo que da de sí mientras mi garganta emite indescifrables sonidos, ecos de palabras muertas que en el pasado no pude pronunciar, para calmar este dolor que es desazón.

Y porque aquellas palabras fueron impronunciables para María, Marina las dice ahora. Porque Isaías ya no puede escuchar esas palabras moribundas, Marina se las dice al carnicero los sábados por la mañana cuando va a hacer la compra, me haces tan feliz al tenerte aquí, se las dice al taxista, está claro que tenía que encontrarte, a su compañero de trabajo, deseo (deseo) que te quedes a mi lado, o a quien se le ocurre. Palabras no destinadas ni al carnicero, ni al taxista ni a mi compañero de trabajo, ni a quien se me ocurre.

Pero me sigue doliendo la garganta y estas palabras sordas me están ahogando.

martedì 17 aprile 2012

Alma transfigurada

Verklärte Nacht. La noche transfigurada. Poesía de la palabra. Poesía de la música. Escucho esta música mientras voy pensando en el post que quiero escribir, en un post empieza Que me arranquen los ojos.

Que me arranquen los ojos para dejar de ver lo que no veía. 

Y aunque aparentemente La noche transfigurada no tiene por qué tener ninguna conexión con lo que iba a ser el principio de este post, sí, esta noche escuchando la música de Schönberg creo y encuentro esa conexión estrechamente ligada a la ciega emoción que me invade estos días. Porque la noche transformada es mi alma transfigurada en la poética oscuridad de aquello que no podía ver y que ahora, en el misterio de la noche, en la emoción del sonido que asciende y crece en toda su complejidad y belleza, empiezo a ver. 



domenica 1 aprile 2012

Parciales verdades

La vida es insondable. La comprensión de la vida es insondable. ¿Cuántas percepciones de nuestra propia vida nos perdemos precisamente por las limitaciones que la misma vida nos impone? ¡Tantas veces me ha producido este pensamiento un vertigo inconfesable, un pavoroso miedo a la oscuridad! Pero también, y esto he de reconocerlo, cierta fascinación por la búsqueda inconstante de la verdad y la belleza de su encuentro, muchas veces dolorosa, muchas emocionante, y siempre parcial.

Ayer yo no era María ni él Isaías. Ayer yo era yo y él era él. María e Isaías estaban sentados en otra mesa. Y es sólo entonces, cuando me quito la máscara de María y dejo de ponerle a él la máscara de Isaías, cuando puedo emprender la búsqueda de esa verdad parcial, punzante y fascinadora, no sólo para poder cerrar el pasado, sino, y aquí reside lo más importante, para darle una oportunidad al futuro.

martedì 28 febbraio 2012

Qué difícil es hablar español