Tengo una fantasía que me excita y me eleva. Quiero posar para ti, con las manos así, cruzadas frente al corazón, y la mirada ascendente. Así, como la Inmaculada de Murillo. Y que me pintes. Posar para ti y que me pintes así, con la mirada cristalina y rodeada de angelitos felices, felices en rededor.
Y sonrojada. ¿Lo ves? ¿Ves mi rostro sonrojado? Sonrojado por el deseo de esta fantasía que me excita y me eleva. Por un deseo que no puede existir sin el tuyo.
Mientras tanto, mientras no me ves, me queda el consuelo del otro deseo que yo sí veo y siento que purifica mi alma y sana. Por eso, Manuel, qué gran acierto el tuyo cuando me pintes con los ojos mirando hacia lo alto y esa rodilla ligeramente elevada, reforzando el movimiento de mi corazón que avanza y crece.
