lunedì 26 settembre 2011

Realidad vs Ficción


El 09 de noviembre de 2013, después de observar las estupideces que estaba diciendo con respecto a una historia truncada recientemente acontecida, he recordado este post y he decido eliminarlo. Vila-Matas y Banville tienen razón y yo me equivocaba cuando escribía esto.


Escribe Vila-Matas en el suplemento Babelia de El País del sábado 17 de septiembre que es su experiencia que "ficción y vida se repelen". Curioso, pienso, que diga esto precisamente él, adalid español de la autoficción. A continuación, como refutación de esta idea, habla de John Banville, escritor que he conocido este verano a medias (a medias porque tengo dudas de la traducción que ha caído entre mis manos de El Mar) y  de cómo supo por una entrevista que este, John Banville, dice haber descubierto recientemente, y cito literalmente de Vila-Matas, que “jamás se puede mezclar ficción y realidad, pues cuando uno trata de insertar en la ficción nociones directas, nociones científicas, no encaja por ningún motivo: Aún no comprendo cuál es el proceso, pero es como someterse a un trasplante de hígado: el cuerpo lo rechaza. La ficción, al menos la mía, repudia las ideas tomadas directamente del mundo”.

Me he acordado de las palabras de Vila-Matas y John Banville esta tarde silenciosa mientras observo la sombra en movimiento de las hojas afiladas de los árboles frente a mi ventana reflejadas sobre la blanca pared de mi habitación no sólo porque no puedo estar de acuerdo con las palabras de John Banville (si el dolor profundo e insondable que siente Max Morden, el protagonista de El mar, no procede directamente del mundo ¿de dónde procede?), sino porque ando yo últimamente dándole vueltas a otro asunto aparentemente de otra índole en el que sin embargo e inevitablemente no he podido dejar de encontrar asociaciones con esto que dice Vila-Matas.

Porque ando un tiempo pensando en la posibilidad de mi intuición y en cómo puedo saber si estoy acertando en mis predicciones (cuando acierto) porque efectivamente soy una persona intuitiva, o simplemente porque soy una muy buena observadora de la realidad. Y es precisamente, cuando andaba yo pensando en estos asuntos, cuando he recordado las palabras de Vila-Matas que leí en Babelia... pensando si acaso no será en mi caso más normal que esta lógica de los acontecimientos que observo en la vida de las personas que me rodean (o las predicciones) no haya podido aprenderla antes en algunos libros de ficción que gracias a una hipotética y sabia observación de la realidad (descartando la posibilidad de toda intuición). Recuerdo entonces a Dorothy Parker, a Ian Mcewan, a Don Delillo…

Vila Matas continúa en su artículo hablando de la reproducción y de la realidad alterna que intenta fabricar el arte, lo que me tranquiliza (¡ay si no nos hubiéramos metido a hablar de asuntos incorregibles como la realidad y ficción!...¡y yo que pensaba que este era un asunto superado en el siglo XIX!). Volviendo a citar a John Banville: “el arte no es para nada la vida, sólo se le parece”. En esto sí estoy de acuerdo.

sabato 17 settembre 2011

Finales de libro

Empecé a escribir en este blog con entradas tituladas "principios de libro". No tengo con este post la intención de crear ninguna nueva serie, pero haberme terminado Submundo de Don Delillo lo merece, por sus 883 páginas, porque es uno de los mejores finales de libro que me he leído en mucho tiempo y porque deja sólo adivinar que hay algo que no he entendido y esto de saber que hay algo que no entiendo parece que me excita (intelectualmente). Así que ahí va un bien merecido corta y pega.
 
"¿Es el ciberespacio algo contenido en el mundo o es al revés? (*nota de María: no es esta novela una novela ciberpunk, sólo que es en este punto, al final del libro, cuando nuestro narrador habla por primera vez de la World Wide Web, con cierta lógica, claro, porque la novela cronológicamente va de atrás para adelante, toda vez que entiendo que es posible que con este final el narrador esté haciéndole un guiño a Dondelillo y al estilo de la novela, que algunos consideran inspirado en el hiperlink) ¿Qué contiene lo otro, y cómo saberlo a ciencia cierta?


(...)

Una única palabra seráfica. Puedes examinar la palabra mediante un clic, escudriñar sus orígenes, su desarrollo, su primera utilización conocida, su tránsito de un idioma a otro, y puedes invocarla en sánscrito, griego, latín y árabe, en un millar de lenguas y dialectos vivos y muertos, y localizarla en citas literarias, y seguir su rastro a lo largo del submundo de túneles que conforman sus raíces ancestrales.

Ajustar, acoplar firmemente, unir.

Y puedes mirar un instante por la ventana, distraído por el sonido de los chiquillos que juegan a un juego inventado en el patio del vecino, a una especie de fútbol tal vez, y hablan con tu voz, y es tu voz la que oyes, esencialmente, bajo el cielo iridiscente, y contemplas las cosas que hay en la estancia, fuera de campo, fuera de la web, la textura granulosa de la mesa del escritorio, viva bajo la luz, la espesa sustancia vívida de las cosas, la discusión de las cosas que hay que ver y devorar, el corazón de manzana que va tornándose sepia sobre la bandeja de la cena, y los densos grados de experiencia con un vistazo casual, la vela de monje reflejada en el costado del teléfono, horas señaladas con números romanos, y el brillo de la cera, y el rizo de la mecha trenzada, y el borde desportillado de la jarra en la que guardas los lápices amarillos, absurdamente torcidos, y las vidas desordenadas de la más simple de las superficies, la mantequilla derritiéndose sobre las migas del pan, y el amarillo del amarillo de los lápices, e intentas imaginarte la palabra de la pantalla convirtiéndose en algo de este mundo, trasladando todos sus significado, su sentido de serenidades y satisfacciones, a la calle, de alguna manera, su susurro de reconcidiliación, una palabra que se extiende eternamente hacia fuera ..." y así sigue unas cuantas líneas más hasta el final. La última palabra es Paz.

sabato 10 settembre 2011

Innisfree

Besos míticos en la historia del cine, pensaba llamar a este post. Pero tengo que mantener una coherencia narrativa y a mí eso de ser cursi se me da muy mal, o muy bien, según se mire eso, quiero decir ser cursi, que es lo lamentable en la otra, en la que no es María. Así que no, no voy a empezar así. Mejor titular este post "Innisfree" y que María hable del cine postmoderno español, que ya existía en España a finales de los noventa antes de que ella comenzara a reflexionar acerca de él, del cine postmoderno, ya sabes. Pero esto es otro asunto (o no).

Innisfree es el nombre del pueblo irlandés en el que se rodó la película El hombre tranquilo de John Ford protagonizada por John Wayne y Maureen O'Hara el año 1951. María ve la película de Jose Luis Guerín una tarde de sábado del mes de septiembre, quizá porque siente que el verano se acaba, aunque no sé yo qué relación tiene que el verano se acabe con sus largos y anaranjados atardeceres y esta nueva brisa que nos alcanza por sorpresa y que esta tarde haya visto Innisfree.

Así que, como decía, Jose Luis Guerín se marcha a finales de los noventa a Innisfree a buscar las huellas cinematográficas que la película con la que John Ford ganó el oscar al mejor director en 1953 dejó en el pueblo irlandés, o las huellas del pueblo irlandés en sí mismo, no sé (Jose Luis Guerín es catalán). Así que María se queda en su sofá esta tarde de septiembre viendo Innisfree para buscar esas huellas de su infancia que andan escondidas y que tanto ansía recuperar. Qué relación puede haber entre María, su infancia, sus recuerdos adormecidos, Maureen O'Hara y la forma de caminar de John Wayne, como si un poco cojeara, no creo sea de interés.

Puedo contaros yo la película o imaginaros que soy irlandesa, que tengo pecas y que aparezco aquí a partir del minuto 16:58.