giovedì 31 dicembre 2015

Personas

Debería haberme dado miedo y no me lo dio. Escuchar quince años después las mismas palabras, la boca de otra persona, los ojos de otra persona, la voz de otra persona, las manos de otra persona, y las mismas palabras. Escuchar las mismas palabras para saber qué llegará después. Ahora podría decir qué va a pasar, después, qué va a decir, después, pienso, y lo dice.

Y pasa. Esto sí que tendría que darme miedo. Pero me inclino más a pensar que todo esto, estas reproducciones, no son más que escenas de una historia cuyo guión precisa revisión.


* Quizá bajaron a buscarme pero miraron atrás.

sabato 21 novembre 2015

Piedra de sol

Tengo todos mis libros guardados en cajas. En cajas dentro de armarios en una casa en la que no vivo. Y no quiero hacerme una foto delante de mi biblioteca de blancas estanterías con libros ordenados por géneros y nacionalidades de autores.

Vuelvo a veces a esa casa en la que no vivo y abro esas cajas. Abro esas cajas que contienen mi pasado, mi pasado de horas de lectura. Repaso títulos y recuerdos efímeros, instantes, y vuelvo a cerrarlas. Pero a veces, a veces, ocurre que abro una de esas cajas y me encuentro con las obras completas de Octavio Paz. Las obras completas que ahora tengo sobre mi regazo. Cojo las obras completas de Octavio Paz y las traigo a casa. Y así, como por azar, me encuentro con la primera página del poema "Piedra de sol". ¿Epifanía? Y, así, de pronto, mi pasado vuelve a mí. Un pasado que es una calle, al caer la tarde, un rostro, y la fascinación por un poema que me leían y que yo ahora estoy leyendo, y amor, y el miedo que yo tenía.

Releo estos primeros versos majestuosos de un poema que seguiré leyendo ahora, un sauce de cristal, un chopo de agua, que seguiré leyendo siempre, y pienso si acaso la sempiterna sorpresa de su lectura será como su recuerdo. Y pienso si acaso su recuerdo contendrá siempre el mismo misterio que vuelvo a encontrar en estos versos que son sueño y pureza.

sabato 7 novembre 2015

Yo ya he estado muerta

Yo ya he estado muerta.

Y una vez que escribo yo ya he estado muerta, ¿qué hacer? ¿cómo empezar a vivir de nuevo?

Cómo empezar a vivir cuando yo ya sé hablar, cuando yo ya sé caminar, cuando yo ya sé desear, ¿cuando yo ya sé amar?

Cuando yo no sé amar, ¿cómo empezar a vivir?

sabato 24 ottobre 2015

Marina Inmaculada

Tengo una fantasía que me excita y me eleva. Quiero posar para ti, con las manos así, cruzadas frente al corazón, y la mirada ascendente. Así, como la Inmaculada de Murillo. Y que me pintes. Posar para ti y que me pintes así, con la mirada cristalina y rodeada de angelitos felices, felices en rededor.


Y sonrojada. ¿Lo ves? ¿Ves mi rostro sonrojado? Sonrojado por el deseo de esta fantasía que me excita y me eleva. Por un deseo que no puede existir sin el tuyo.

Mientras tanto, mientras no me ves, me queda el consuelo del otro deseo que yo sí veo y siento que purifica mi alma y sana. Por eso, Manuel, qué gran acierto el tuyo cuando me pintes con los ojos mirando hacia lo alto y esa rodilla ligeramente elevada, reforzando el movimiento de mi corazón que avanza y crece.

sabato 12 settembre 2015

Voyerismo veraniego

En verano, en la playa, leo. Leo mucho, sí. Pero también miro. En verano también miro mucho, a veces indecentemente. ¿Indecentemente para los demás o indecentemente para mí? Probablemente indecentemente para mí, pero esto es otra cuestión. Continúo.

Cuando estoy mirando a los demás me divierte imaginar cerca de mí a alguien tan mirón como yo que me observa. El observador observado. Así, quien este verano, indecentemente, me haya mirado, habrá podido comprobar cómo el centro de mis miradas en playas mediterráneas de aguas cristalinas han sido los pechos de las mujeres. Soy una mujer heterosexual y soltera de 35 años que se ha pasado el verano leyendo, y mirando los pechos de las mujeres en la playa. Mirando lo pechos de las mujeres en la playa y pensado mucho en la condición de ser mujer en el siglo XXI y en mi propia feminidad.

Sentada sobre la arena, agazapada debajo de la sombrilla, lamentándome porque el bote de crema protectora factor 50 se había vuelto a gastar, he mirado mucho a las mujeres que cerca de mí se tostaban bajo el sol con los pechos erectos e inmóviles mirando al claro azul del cielo mediterráneo del verano. Mujeres de todas las edades, pero sobre todo, mujeres que parecían no haber cumplido todavía los 20 años con el pecho operado. Si soy librepensadora, pienso, también debería ser libreactuante, y defender que cada uno haga con su cuerpo lo que le venga en gana. Pero las miraba, las seguía mirando, y no dejaba de pensar: ¿cómo puede alguien operarse los pechos antes de saber qué es una crisis nerviosa, o una crisis de ansiedad? ¿Antes de saber lo que significa la palabra neurosis?

De la influencia del cine porno en el aumento de pecho por parte de la población femenina ya han hablado y argumentado maravillosamente reconocidas feministas. Pero, también, cómo vas a poder enfrentarte con las decepciones y fracasos de tu vida, que llegarán, porque llegan, si no has sabido convivir con un cuerpo todavía maravillosamente turgente, con el cuerpo diverso y maravilloso del cuerpo de la mujer que se está transformando, por dentro y por fuera? ¿Cómo vas a vivir la experiencia de cumplir años e ir ganando en sabiduría, y seguridad en ti misma, y en tu cuerpo, y saber que, aunque tus pechos comienzan a manifestar cierta caída, estás viviendo una revolución interior que mucho tiene que ver con el paso del tiempo y las experiencias vividas?

domenica 6 settembre 2015

Libros que hablan de mí

Am Strand. Así tradujo al alemán la novelle de Ian McEwan Chesil Beach la editorial suiza Diógenes cuando la publicó el año 2008. Efectiva estrategia de marketing para el mercado de lectores alemán. Quién no va a desear comprar en los gélidos y oscuros inviernos de Alemania, Austria o Suiza un libro titulado "En la playa". Que la historia no transcurra en una playa soleada del Mediterráneo o del Caribe, sino en una playa del sur de Inglaterra no resulta relevante si de una técnica de mercadotecnia se trata.


Vuelvo a leer este verano esta novela que tanto me fascinó cuando la leí el año 2011. Recordar tantas cosas que ocurrieron aquel año por querer olvidarlo, qué paradojas. Leer en una tarde de domingo de aquel año Chesil Beach  y recorrer los pasillos de mi casa entusiasmada porque acababa de leer una novela corta (novelle) perfecta. La muerte de Ivan Illich. Crónica de una muerte anunciada. Nocturno de Chile. Y Chesil Beach. E Ian, ¡Ian! ¿cómo coño lo has hecho? ¿cómo has conseguido meterte en el pellejo y en la mente femenina con tanta precisión? ¡Ian! ¡Ian! ¡Ian!

Cuatro años después releo Chesil BeachAm Strand en un parque de Berlín. Cómo me gustaba tumbarme en la hierba cuando llegaba el verano y vivía en este país, leer lentamente, posar el libro sobre mi regazo un rato después, cerrar los ojos, la luz que transpasa mis párpados, y ese sueño breve que llega escuchando el suave movimiento de la brisa de verano meciendo las hojas de los altos y frondosos árboles que me dan cobijo.

Releo el libro y descubro nuevas sutilezas en la narración que me entusiasman todavía más. Sutilezas que me acompañan varios días después -grandezas de las obras maestras- y avivan mis reflexiones sobre mí misma y mi pasado durante el resto del verano. Y quiero hablar con Ana, mi terapeuta de Madrid. Echo de menos hablar de libros con Ana. De los libros. Hablar de los libros para hablar de mí. Tienes razón Ana, no solo le regalé este libro a Nacho porque su lectura, como definición de novela perfecta, es el mejor ejercicio de escritura que puedes imaginarte, porque intuyo que escribe y quiero acompañarle. Y porque lee a Ray Loriga, joder. Se lo regalé porque habla de una parte cifrada de mí que un escritor setentón, y hombre, que vive en un país extraño donde se habla una lengua distinta a la mía, ha sabido describirme mejor de lo que yo jamás habría podido hacer.

Solo que, Ana, indagando este verano en estas sutilezas de esta obra maestra que me lee, me he dado cuenta de que no es a Nacho a quien tenía que haberle regalado Chesil Beach. La bruma que caía sobre aquella playa de cantos rodados todavía no se ha desvanecido como para poder regalarle este libro a quien tengo que regalárselo. Regalarle Chesil Beach, y, después, pedirle perdón.


giovedì 23 luglio 2015

Suprimir

Y aquí me tienes de nuevo, escribiendo sobre Nacho. Empiezo a escribir sobre la ensordecedora miríada de gorriones que cantaba al amanecer la última noche que dormí con él. Aquella cantata procedente de un árbol solitario y escuálido de una calle estrecha y oscura de Lavapiés resultaba de lo más insólita.

Suprimir.

Empiezo a escribir para pensar por qué en la duermevela del deseo a su lado, en su cama, cuando aquella insólita turba de gorriones nos despertó, comencé a cantar invariablemente una canción que mi madre me cantaba cuando era pequeña al canon de mi deseo que ascendía. Mi madre cantaba mucho cuando éramos pequeños. Y quizá Cristina Rosenvinge tenga razón y en sus brazos debería sentirme una niña pequeña.

Suprimir.

Todo esto que quiero escribir podría estar lleno de magia y de poesía. Pero, parafraseándome a mí misma, para que haya magia, y poesía, necesito al otro. Y el otro no está ahí. Suprimir.

venerdì 19 giugno 2015

Equivocándome de nuevo

Y allí seguía yo, buscando Cosmos de Gombrowizc, y equivocándome de nuevo.

Porque yo quería regalarle a Nacho Cosmos de Gombrowizc y vamos a la Feria del Libro de Madrid, Nacho y yo vamos a la Feria del Libro de Madrid y pregunto, pregunto en la caseta de Seix Barral, pregunto en la caseta de La Buena Vida mientras Nacho mira libros, otros libros, pregunto en Tipos Infames, sigo preguntando, tienes el libro de Gombrowiz, Cosmos, pregunto, mientras Nacho está a mi lado y me enseña otros libros, hola, de nuevo, hola, ¿tienes Cosmos de Gombrowicz? En ninguna caseta de la Feria del Libro de Madrid tienen Cosmos de Gombrowicz.

Y así, una vez más, me despido de Nacho. Y así me despido de Nacho en aquella misma esquina donde una vez nos encontramos.

Pero yo quiero regalarle a Nacho Cosmos de Gombrowicz, de nuevo quiero regalarle a Nacho Cosmos de Gombrowicz, así que al día siguiente me recorro todas las librerías de Madrid que yo conozco y pregunto una vez más si tienen Cosmos de Gombroviz. Pero en ninguna de las librerías que recorro y que conozco tienen Cosmos de Gombrowicz. Y de pronto, cuando la posibilidad de encontrar en Madrid Cosmos de Gombrowiz parecía irrealizable, me acuerdo de aquella librería que está tan cerca de Tirso de Molina donde una vez vi Cosmos de Gombroviz y pensé yo quiero regalarle Cosmos de Gombrowicz a Nacho, y corro esperanzada a comprar el libro que quiero regalarle a Nacho. Pero lo han vendido. Me dicen entonces Cosmos de Gombroviz está descatalogado.

Un gorrión colgado de la rama de un árbol en medio del bosque sigue siendo un gorrión colgado de la rama de un árbol en medio del bosque. Un gorrión absurdamente ahorcado en medio del bosque. Y todo este deseo, provocado absurdamente por mí. Una vez más he vuelto a equivocarme.

martedì 21 aprile 2015

Pulsando con el dedo corazón.

Así que es mucho más sencillo de lo que parecía.

He tenido que volver a coger la guitarra después de muchos años y aprender a tocar esta canción que entonces escuchaba incansablemente, una y otra vez, love is real, real is love, una y otra vez, una y otra vez e invariablemente love is real, real is love, para descubrir que el acorde que corresponde al verso love is wanting primero, love is asking, después, se toca con un solo dedo, pulsando la quinta cuerda en el segundo traste con el dedo corazón. La misma nota, sencilla y primitiva, he de pulsar con el dedo corazón cuando canto love is needing al final de la canción.


Tendré que seguir practicando.