domenica 25 agosto 2013

Novelas ejemplares y sexo: Paralelismos

Haciendo un paralelismo que, a estas horas de la noche, me parece bastante razonable, me atrevo a afirmar: del mismo modo que siguen llegando a mis manos -y descubriendo- novelas ejemplares que siguen sorprendiéndome, una buena experiencia sexual es comparable con la mejor experiencia de lectura de un buen texto literario.

A estas alturas de mi proceso de maduración literaria lo que le exijo a una buena novela es la sorpresa, el descubrimiento de un estilo, el abordamiento de nuevos temas, la presentación de experiencias y perspectivas desconocidas, la excitación de las palabras. Chelsil Beach, Verano, El malogrado, son buenos ejemplos de ello. Porque, ¿acaso no es una sorpresa, entre el volumen ingente de floja literatura que ya se ha escrito y que se seguriá escribiendo, el encuentro de estas novelas ejemplares?

La única diferencia entre mi maduración lectora y mi cuerpo es que, aunque anoche descubriera que la sorpresa también es un factor clave de la sexualidad, este descubrimiento sólo me conduce a una conclusión (que, por cierto, implica insoslayablemente acción): ¡ha llegado la hora de la revolución textual!

*Nota: profundizar en la idea del sexo como texto.

lunedì 5 agosto 2013

Maneras de quedarme dormida

Llevo años creando, a partir de mi propia experiencia, un decálogo personal titulado "maneras de quedarme dormida".

Desde que soy niña estoy redactando este decálogo; así, la primera manera de quedarme dormida que recuerdo es el intento, en brazos de mi padre, de conciliar mi respiración con la suya. Ahora, cuando evoco este recuerdo, creo que terminaba durmiéndome exhausta por el intento de querer insuflar en mis pequeños pulmones la misma cantidad de aire que mi padre insuflaba en los suyos.

Fui creciendo y, después de contar ovejitas, pasé a contar al revés, y de contar al revés, a decir las tablas de multiplicar (aún hoy todavía recurro a esta técnica). Después llegó la lectura (el insomnio puede resultar la mejor herramienta de promoción a la lectura) y, cuando fui mayor, el placer solitario.

Otras técnicas a las que me he dedicado con profusión son: escuchar indistintamente programas de radio en la noche, escuchar Hörbüche (audiolibros) en alemán o tomar pastillas homeopáticas para dormir (la benzodiazepina nunca ha sido una opción).

La semana pasada descubrí un nuevo método, que, los primeros días, ha resultado infalible. Me meto en la cama, cierro los ojos, e imagino que la mano enorme de Diego se posa sobre mi muslo. El efecto sedante ha demostrado ser infalible.

Sin embargo, el efecto hiperexcitante en la mañana de esta nueva manera de quedarme dormida, que, como decía, resultaba infalible, me ha obligado a tener que volver a las antiguas técnicas.

Sea como sea, no cabe ninguna duda: de todas estas maneras de quedarme dormida, la mano de Diego sobre mi muslo es mi preferida.