Nos engañaron con Saussure. Nos engañaron con Saussure o nunca nos hablaron de Lacan durante nuestros estudios de Filología Hispánica. Hablamos de aquella época en la que nunca hubiera rebatido los presupuestos semiológicos de Saussure o Peirce. Aquella época en la que recitábamos de memoria y nunca pensábamos (¿nos tenían que enseñar en la Universidad a pensar o a pensar se aprende solo cuando hemos adquirido el suficiente bagaje de frustraciones, revelaciones, equivocaciones, sueños rotos, alguna experiencia profesional y lecturas escogidas al azar?)
Pienso esto delante de un mostrador de una tiendita del mercado de Verónicas en Murcia, mientras veo el centenar de alcaparras flotando en su recipiente junto a los pepinillos y las olivas negras que estoy comprando en esta tiendita del mercado de Verónicas para hacer la salsa putanesca con la que hoy acompañaré la pasta.
Nos engañaron con Saussure, porque lo que mis ojos ven, las alcaparras, no son las diez letras que construyen un significado que mi mente reconoce como aquello que el diccionario de la Real Academia Española dice que es, ni la relación que existe entre esas 10 letras y lo que un diccionario define así mismo con letras que a su vez construyen significados linguísticos. Las alcaparras son, sí, esas 10 letras que construyen su significantes, más lo que dice la Rae, pero, sobre todo, las alcaparras son una noche del año 2002 cenando pizza con alcaparras entre la angustia y el deseo latente que su amor me producía en un restaurante italiano de de la plaza Mayor de Murcia. Hablo del amor de Pablo.
La gastronomía y el amor, sí, porque algo parecido a lo me pasa con las alcaparras le pasa a María cuando dice "orégano". Cuando María dice "orégano" María dice, sí, orégano, pero, sobre todo, dice "Isaías", más un desayuno del año 2010 mientras veía el azul profundo del invierno desde su cama en su casa de Madrid. Porque esas diez o siete letras no son sólo un signo lingüístico compuesto de significante y significado. Esas siete o diez palabras son palabras adscritas a un orden simbólico, en este caso, el orden simbólico de María y el amor.
Creo que Lacan me entendería si le contara que hoy, después de haber comprado las olivas negras para mi salsa putanesca, he ido al puesto de especias a comprar orégano.
Pd: ¿cómo puede tener más contenido simbólico "alcaparras" que "Pablo"? La respuesta es el tiempo y la indiferencia que el tiempo me ha ayudado a costruir.
domenica 20 novembre 2011
Nos engañaron con Saussure
mercoledì 2 novembre 2011
Peregrinaciones
martedì 1 novembre 2011
The End of the love affair
"The end of a love affair" o, mejor, "The end of the love affair" es la banda sonora de un paseo por Madrid y de un encuentro extraordinario en una calle del Barrio de Chueca. Pero como siempre me pierdo por esas calles, sobre todo en días de lluvia en los que soy incapaz de orientarme, si bien aquella noche no llovía, y flaneaba yo por calles desconocidas de la ciudad, no termino de aclararme con el google maps (abro el google maps a ver si el satélite me da alguna pista) y me siento incapaz de determinar si la escena ambientada con esta música transcurrió al fin en la calle Desengaño (sic), la calle Puebla o la calle Colón. No consigo recordarlo porque sin duda erraba yo por esas calles y sólo en una cosa podía concentrarme: en la música de fondo que sonaba:
Míticas películas se han hecho ambientadas con música de jazz... ¿Quién no recuerda por ejemplo a Jeanne Moureau andando desconcertada por las calles de ¿París? (las calles, de nuevo, la búsqueda, siempre) esperando las noticias de su amante al ritmo de la trompeta de Miles Davis?
Esa noche el personaje que representa Jeanne Moureau no encuentra a Julien, su amante, (no sabrá nada de él hasta la mañana siguiente), y yo sí encontré a Isaías. Sí, encontré a Isaías mientras, ya sabes, sonaba "The end of the love affair".
