Observo minuciosamente los pensamientos que llegan a mi mente cuando despierto.
De dónde proceden estos pensamientos, lo desconozco. Pero, ¿ qué expresión de mí misma hay más poderosa que esos pensamientos que llegan a mi mente cuando despierto?
Si observo los pensamientos que llegan estos días a mi mente, o si recuerdo alguno de esos pensamientos que llegaron a mi mente cuando despertaba, si recuerdo la penumbra de aquel hotel del norte del país donde desperté pronunciando su nombre, sí, estos pensamientos son expresión de mí misma, de mi deseo más inconfesable entonces, de mis anhelos y tristeza, de mi voluntad otras veces, de mi consuelo ahora.
¿Qué intimidad más profunda de mi ser que las palabras, las imágenes y los sonidos que aparecen misteriosamente en mi mente cuando despierto?
Los sonidos. Los sonidos, también.
Los sonidos desde hace unos días han comenzado también a ser expresión de mí misma. Porque era un sonido lo que reconocí en mi pensamiento cuando desperté la otra mañana. Un sonido tenue, primero, más nítido después, que mi corazón supo reconocer sin dificultad. El sonido de las cadenas de un ancla pesada y bien hundida que repiqueteaban en recogida. El ancla de un buque que se prepara para zarpar.
Estos días, despierta ya, evoco (y convoco) este sonido, estruendoso hoy en mi conciencia, y siento calma. Y siendo calma y esperanza.
Evoco hoy este sonido que ha nacido tras esta muerte interrumpida que es el sueño, dotando quizá por ello a estas expresiones de mí misma de una magia y un misterio que conmueven a mi pequeño corazón.
martedì 31 dicembre 2013
Expresiones de mí misma
domenica 8 dicembre 2013
La imposibilidad del consuelo
El tema de la semana: la imposibilidad del consuelo. Trostlosigkeit. Sí, siempre hay un tema de la semana, muchas veces incluso varios temas que reconozco como hilo conductor de mis pensamientos semanales (a veces, claro, la durée de estos pensamientos suele ser superior a una semana, semana es sólo una medida orientativa).
La imposibilidad del consuelo, una traducción libre y personalísima de la palabra alemana Trostlosigkeit.
Los diccionarios de español-alemán traducen la palabra Trostlosigkeit como desconsuelo. La RAE define desconsuelo como "angustia y aflición profunda por falta de consuelo". Estaréis de acuerdo conmigo en que no es lo mismo la imposibilidad del consuelo que "la aflición profunda por falta de consuelo". La primera (acepción) es de un solipsismo radical; la segunda raya en la depresión porque, si bien no descarta la posibilidad de que la existencia de alguien pueda consolarte, evidencia la siempre dolorosa ausencia del mismo.
Así que llevo toda la semana desarrollando ante mi público esta teoría acerca de la imposibilidad del consuelo, que, como veremos, ha demostrado ser efímera.
Ayer, en la clara mañana de sábado y preparando la soledad del fin de semana que seguro llegaría, retomé mi lectura de En busca de el tiempo perdido, lectura que interrumpí hace más de diez años. *A la busca del tiempo perdido en la traducción que ahora leo.
"Por eso, en amor, no hay que temer, como en la vida habitual, sólo el futuro, sino también el pasado, que a menudo no se realiza para nosotros sino después del futuro; y no hablamos sólo del pasado que conocemos después, sino de ese otro que hemos conservado desde hace mucho tiempo dentro de nosotros y que de repente aprendemos a leer".
Y, entonces, mi teoría se desmonta. Durante el día de ayer y todo el día de hoy, mientras leo y recuerdo las mismas emociones que ya sentía cuando comencé la lectura de En busca del tiempo perdido, mientras voy observando el efecto anestésico que las palabras de Marcel Proust tienen sobre mí, mi teoría se desmonta.
Que digan luego que el arte es inútil.
Comentario posterior a la lectura de este post: ¿no es acaso una modalidad de solipsismo que sea precisamente A la busca de el tiempo perdido lo único que ahora me produce consuelo? Si pienso en ello detenidamente, este pensamiento me resulta terrorífico.