El lugar de donde venía el viento.
Pero aquella noche, en aquella montaña, antes de que el cazador Orión se ocultara por el oeste y empezara a aparecer Virgo por el este, desconocía que lo importante no era que él pudiera descifrar el lugar de donde venía el viento.
sabato 28 dicembre 2019
El lugar de donde venía el viento
sabato 7 gennaio 2017
Y si me pongo a cantar
Y si me pongo a cantar. Si me pongo a cantar here comes the sun, here comes the sun, una y otra vez. Una y otra vez.
Escucho y canto la canción de George Harrison una y otra vez, una y otra vez. Here comes the sun una y otra vez, una y otra vez... y, de pronto, durante el éxtasis que experimento cantando que por fin está llegando el sol, siento, después de mucho tiempo, que todo está bien. Y sigo cantando sin pensar en lo que está por venir, ni en lo que fue.
Y sigo cantando here comes the sun, do do do do, y me siento feliz. Y descubro algo nuevo. Y descubro una nueva manera de sentir.
Yo ahora solo quiero que este sol que está llegando siga calentando mi rostro. Y que vuelvas a coger mi mano.
venerdì 23 dicembre 2016
Y si me pongo a llorar
Y si me pongo a llorar, pensé, y si me pongo a llorar ahora que me abrazas. Ahora que me abrazas.
Y cuando vuelvas a abrazarme, cuando vuelvas a abrazarme con tu cariño cristalino, y yo vuelva a tocarte, entonces Miguel, entonces solo voy a querer llorar. Llorar, o que estalle mi corazón.
sabato 23 gennaio 2016
Penitente
mercoledì 20 gennaio 2016
John Banville y el consuelo
Las historias que leemos en las novelas consuelan. Esta es una de las razones por las que muchos de nosotros seguimos leyendo, buscando historias que acompañen a nuestro desconsuelo mostrándonos la vida de otros que, en ocasiones, tan cercanas están a la nuestra. A mí, por ejemplo, me consuelan los relatos de John Banville. Y digo "relato" por el modo en el que la construcción simbólica de los relatos del escritor irlandés me ayuda a vivir.
Por ejemplo: hoy imagino un monólogo interior de mi tío Álvaro, en coma durante semanas en el hospital, describiendo todo lo que estaba ocurriendo a su alrededor, escuchando las últimas palabras pronunciadas por las personas a las que más amó, dándole respuesta a esas palabras secretas e íntimas, y evocando su propia vida a través de las canciones que sus hijos le cantaban en sus visitas al hospital que él mismo les enseñó. Pienso entonces en Los infinitos y en la maestría narrativa de John Banville haciendo que el guía del último viaje de su protagonista fuera el dios griego Hermes. No es que haya semejanzas entre la historia familiar que se describe en la novela y la de la familia de mi tío, ni tampoco que haya encontrado un recurso narrativo tan potente como el que encontró John Banville para su novela Los infitinitos para este relato que imagino, pero me consuela imaginar la voz de mi tío, de mi querido tío Álvaro, narrando todo el amor irrevocable y manifiesto de sus hijos.
Como ahora ante el desconsuelo de la muerte evoco Los infinitos, otras veces he evocado la novela de John Banville Antigua luz. Otras veces cuando he vuelvo a soñar con él y, ya despierta, he pensado en la insistencia del recuerdo. Me consuela pensar que mi recuerdo también estará errando, y saber que hay antiguos recuerdos que a algunos nos acompañarán toda la vida.
giovedì 31 dicembre 2015
Personas
Debería haberme dado miedo y no me lo dio. Escuchar quince años después las mismas palabras, la boca de otra persona, los ojos de otra persona, la voz de otra persona, las manos de otra persona, y las mismas palabras. Escuchar las mismas palabras para saber qué llegará después. Ahora podría decir qué va a pasar, después, qué va a decir, después, pienso, y lo dice.
Y pasa. Esto sí que tendría que darme miedo. Pero me inclino más a pensar que todo esto, estas reproducciones, no son más que escenas de una historia cuyo guión precisa revisión.
* Quizá bajaron a buscarme pero miraron atrás.
sabato 21 novembre 2015
Piedra de sol
Tengo todos mis libros guardados en cajas. En cajas dentro de armarios en una casa en la que no vivo. Y no quiero hacerme una foto delante de mi biblioteca de blancas estanterías con libros ordenados por géneros y nacionalidades de autores.
Vuelvo a veces a esa casa en la que no vivo y abro esas cajas. Abro esas cajas que contienen mi pasado, mi pasado de horas de lectura. Repaso títulos y recuerdos efímeros, instantes, y vuelvo a cerrarlas. Pero a veces, a veces, ocurre que abro una de esas cajas y me encuentro con las obras completas de Octavio Paz. Las obras completas que ahora tengo sobre mi regazo. Cojo las obras completas de Octavio Paz y las traigo a casa. Y así, como por azar, me encuentro con la primera página del poema "Piedra de sol". ¿Epifanía? Y, así, de pronto, mi pasado vuelve a mí. Un pasado que es una calle, al caer la tarde, un rostro, y la fascinación por un poema que me leían y que yo ahora estoy leyendo, y amor, y el miedo que yo tenía.
Releo estos primeros versos majestuosos de un poema que seguiré leyendo ahora, un sauce de cristal, un chopo de agua, que seguiré leyendo siempre, y pienso si acaso la sempiterna sorpresa de su lectura será como su recuerdo. Y pienso si acaso su recuerdo contendrá siempre el mismo misterio que vuelvo a encontrar en estos versos que son sueño y pureza.

