lunedì 18 febbraio 2008

Melblú dipinto diblú

Nada. Sólo esto pa quien esté triste. Subid los altavoces y bailad un ratito a mi salud.

sabato 16 febbraio 2008

Entre el cielo y la tierra hay algo...


"¿Os imagináis a alguien que tuviera el poder de hacer llover en una habitación? Pues eso hacen los seres que amamos. Y sin embargo esa lluvia no les pertenece. Llega con ellos, pero no son sus dueños. Tal vez deberíamos aceptar así el amor, como algo que viene y se va a su capricho, como la lluvia"

G. Martín Garzo

Mi querida Eva

martedì 12 febbraio 2008

Títulos de libros (III)

Uno
Mucho tiempo he estado acostándome temprano. A veces, apenas había apagado la bujía, cerrábanse mis ojos tan presto, que ni tiempo tenía para decirme: "ya me duermo". Y media hora después despertábame la idea de que ya era hora de ir a buscar el sueño; quería dejar el libro, que se me figuraba tener aún entre las manos, y apagar de un soplo la luz; durante mi sueño no había cesado de reflexionar sobre lo recién leído, pero era muy particular el tono que tomaban esas reflexiones...

En busca del tiempo perdido. 1. Por el camino se Swamm
Marcel Proust

Mellamorrojo de acuerdo

Estoy totalmente de acuerdo con el artículo de A. Haro. Creo que es una opinión general, al menos me he encontrado a mucha gente que opina así. Yo también opino así. Creo que el rubio opina así.
La promoción cultural será a largo plazo o no será.

venerdì 8 febbraio 2008

Comisarioooooosss..... os recibimos con alegríaaaaa


Este artículo es uno de los mejores que he leído últimamente sobre la cultura murciana. Sé que será sobre todo del interés de mellamorojo, pero no dejéis de leerlo. Como curiosidad os cuento que Haro es el escultor que diseñó la estatuilla del Premio Mandarache.

EL PAISAJE CULTURAL

Entre los siglos XIX y XX aparecen en Europa los primeros marcos legales que regularán el desarrollo de las instituciones culturales. En España por ejemplo se normaliza la estructura orgánica de la Administración de Bellas Artes con el nacimiento en 1900 del Ministerio de Instrucción Pública y Bellas Artes y la aparición de la Dirección General de Bellas Artes. Pero no es hasta 1933 con la creación en la Alemania nazi del “Reichskulturkammer” (Cámara de Cultura del Reich) por Joseph Goebbels, que nace la estructura de lo que serán las actuales instituciones estatales de cultura. Este primer ministerio de cultura (y propaganda) estaba dividido en siete departamentos: música, literatura, cine, teatro, radio, artes plásticas y prensa, dirigido cada uno por un “comisario” proveniente de la GESTAPO (de ahí su nombre). El aparato hitleriano entendió que el control de la cultura popular es fundamental para perpetuar el poder y pronto las dictaduras del mundo fascinadas por el hallazgo crearan estructuras similares (Stalin, Franco, Mussolini, Castro, Mao, etc..), podemos asegurar que desde entonces todo régimen personalista por mediocre que fuera ha tenido una institución de control y confección de la cultura, sin embargo, tras la segunda guerra mundial las democracias occidentales se apuntarán con naturalidad a este esquema con la excusa de proteger un sector económicamente débil. A excepción de EEUU, el país capitalista por excelencia, que siguiendo su propio esquema apuesta por el mercado y la iniciativa privada convirtiéndose en pocos años en la primera potencia cultural del mundo. Sobre esta diferencia el ex ministro francés Claude Allégre asegura: “A los pesados ministerios europeos de cultura, dispensadores de subvenciones tantas veces arbitrarias, se opone la política norteamericana de masivas excepciones fiscales, que da la palabra a los actores del terreno y a su emulación". O como dice el escritor John Updike "Me temo que el dinero público en el arte sólo sirva para distraer a los artistas de su responsabilidad: hallar un verdadero mercado para sus obras o un público real con el que comunicarse". Para derribar muchos de los mitos que se manejan al respecto, les recomiendo la lectura del informe: De la culture en Amérique. (Frederic Martel. Editions Gallimard 2006).

Paralela a la evolución de las instituciones europeas ha transcurrido el papel del comisario como un cómplice necesario, desde el control de la producción en los regímenes totalitarios hasta la selección y encargo de las obras en nuestras democracias. Con esta operación de “doma” de la creatividad se consigue reciclar la energía individual del artista en doctrina, ya sea política, social o económica. En los años 60 del pasado siglo nacen con fuerza los movimientos conceptuales que cuestionan el objeto artístico como producto de mercado, renunciando en un primer momento a todo sistema comercial. Los artistas trabajan por un arte que valora la idea como factor autónomo del proceso y el mercado del arte es acusado, paradójicamente por los medios, de corromper al artista. Aprovechando la ocasión, las instituciones culturales optan en Europa por invadir el mercado creando con dinero público los primeros museos de arte contemporáneo como “contenedores de artistas vivos”. Ya no se trata de catalogar el arte bajo un prisma histórico como hicieran las clásicas fundaciones privada anglosajonas, sino desde el mismo momento de su producción, asegurando así una interpretación histórica unívoca. El comisario es requerido para esta misión y se prepara para un nuevo reto: incidir personalmente en el hecho artístico, cambio que asume con la complicidad de la crítica que está dispuesta a colaborar con una perspectiva de ascenso a la “curia comisarial”. A finales del siglo XX, y una vez integrado definitivamente por el mercado un sector supuestamente crítico, las instituciones públicas instan al comisario a una fase definitiva de pluriempleo: junto al arquitecto estrella (otra figura de este “Monopoli”) se entregan a la más que remunerada tarea de dar sentido a la multiplicación exponencial de bienales y centros de arte, aunque en España este fenómeno se dispara gracias a la competencia entre autonomías. A estas alturas la figura del artista es residual y solo existe como coartada que justifica un modelo cultural sospechoso amparado por la administración pública. El mercado del arte ha sido barrido por un sistema de subvenciones disputado por instituciones y grandes corporaciones que, asesorados por una casta de comisarios de diversa graduación aumentan artificialmente la cotización de las obras hasta convertirlas en inasequibles para el coleccionismo privado. No deja de ser curioso que el discurso del comisario proponga obras cada vez más críticas con el sistema, pero si pensamos que su único cliente es la institución no podremos creer en un interés sincero por cuestionar las estructuras. La prueba es que dicho discurso es siempre genérico, lleno de lugares comunes y tan pueril como estéril cuando no vacío. La realidad es otra: los agentes y las infraestructuras que podrían crean un tejido cultural sólido han sido dinamitados y la ley de la oferta y la demanda se ha convertido una utopía nostálgica para cualquier artista que no sea útil al organigrama comisarial.

Este intervencionismo ha sido practicado sin solución de continuidad por todo el espectro político europeo y como no, también por el español. Por eso cuando en esta legislatura llega a la Consejería de Cultura de la Región de Murcia un público defensor de las teorías liberales, pensamos que los proyectos pré-diseñados tocaban a su fin y que el rumbo giraría en consecuencia hacia una potenciación de las iniciativas privadas que emanan de la experiencia diaria de los agentes del sector. Dicho de otro modo, desarrollar infraestructuras para la producción y dejar fluir al mercado que a día de hoy ha demostrado ser el más eficaz y justo de los modelos, por encima de las diarreas teóricas. Sin embargo los primeros proyectos de la Consejería sólo hablan con claridad de millones de euros y de comisarios, con la supuesta intención de situarse en la escena internacional (no sabemos si se refieren a los artistas o los gestores) pero sin atender decididamente al déficit en infraestructuras y a la realidad de un tejido raquítico. Lo que si hemos conseguido es poner en nómina a todos los comisarios del star - system a precios que no cobran en ningún otro sitio. Actualmente en Murcia se comisarían hasta las cenas. Hay algo en el paisaje actual de esta región que recuerda aquellas películas de Paco Martínez Soria interpretando al pobre “mañico” que iba a la capital a regalarle pollos y chorizo al listo de turno a ver si arreglaba “lo suyo”. Era difícil imaginar que una administración de centro-derecha diseñaría una política cultural tan intervencionista, paternalista y despilfarradora. Desde luego parece una inmoralidad en el actual contexto de recesión económica, como si el arte comisariado pudiera ser crítico con lo genérico pero indolente con lo cercano. Es terrible pero vuelve a imponerse desde el estado la premisa del despotismo ilustrado: “Todo para el pueblo pero sin el pueblo” en la que tanto se apoyaron los totalitarismos. Así las cosas deberíamos pedir una moratoria institucional con el fin de que las relaciones privadas se reestablezcan y que las agentes culturales tengan las oportunidades que sean capaces de generar, quizá cerrando por un tiempo las instituciones culturales podamos retomar el pulso de la realidad igual que los ríos se recuperan cuando dejan de echar mierda en ellos. Quieren convertirnos en un referente cultural internacional y solo se les ocurre comprar voluntades, en lugar de invertir a largo plazo para convertir lo local en universal. Si Nueva York es un referente internacional es porque en la ciudad se generó un “arte local” que pronto trascendió al mundo a través del mercado. Porque no olvidemos que Andy Warhol, Charly Parker o Lou Reed fueron artistas locales Newyorkinos, así como Picasso, Giacometti o Eric Satie lo fueron Parisinos. Si Berlín es un referente actualmente es porque hay un arte “local” Berlinés que atrae aún más artistas. Las regiones de España que exportan creación han conseguido a su vez generar un arte local fuerte y vinculado. Se trata, como en la agricultura, de abonar, abonar, y esperar a que aparezcan una generación de creadores que hagan volver al mundo la mirada y eso no se hace inventando proyectos desde un despacho, sino estando atento a los que se cuece en los espacios de trabajo. Pero para eso hay que creer en lo que se dice defender, porque un artista verdadero no necesita dictados para interpretar la vida. Lo demás ya lo contó Berlanga en su película “Bienvenido Mr. Marshal”, es confiar en que alguien vaya a venir a salvarnos sin hacer nada por nuestra cuenta, solo porque reciba unos miles de euros. No sé como no se ha montado un desfile en la Gran Vía con banderitas y farolillos, para que todos cantemos alegremente vestidos de huertanos: “…..Co ooo misarios!, os saludamos con alegría!…..” seguro que iría mucha gente.

Ángel Haro, La Opinión, 08-02-08

martedì 5 febbraio 2008

Pedazo de cabecera!!!!
Vaya siyasos estamos hechos...jaja!!!

domenica 3 febbraio 2008

Principios de libro

¿Encontraría a la Maga? Tantas veces me había bastado asomarme, viniendo por la rue de Seine, al arco que da al Quai de Conti, y apenas la luz de ceniza y olivo que flota sobre el río me dejaba distinguir las formas, ya su silueta delgada se inscribía en el Pont des Arts, a veces andando de un lado a otro, a veces detenida en el petril de hierro, inclinada sobre el agua. Y era tan natural curzar la calle, subir los peldaños del puente, entrar en su delgada cintura y acercarme a la Maga que sonreía sin sorpresa, convencida como yo de que un encuentro casual era lo menos casual en nuestras vidas, y que la gente que se da citas precisas es la misma que necesita papel rayado para escribirse o que aprieta desde abajo el tubo dentrífico

La Rayuela. Capítulo 1