Me gusta la música clásica porque me gusta descubrir mi alma.
Lo sé: a priori pareciera como si el enunciado "Me gusta la música clásica porque me gusta descubrir mi alma" no presentara coherencia alguna.
Sin embargo, si intento explicar la fascinación de mis descubrimientos personales, cuando soy consciente del lugar tan profundo e insondable de donde llegan esas intuiciones que se convierten en verdades, en verdades intensamente íntimas que por imperativo sólo para mí tienen significado, sólo un símil en el mundo real encuentro: la Música.
Sólo un símil en el mundo real encuentro que pueda comparar con la experiencia de este descubrimiento de verdades íntimas del que hablo, y es el de mi experiencia de la Música. La experiencia del tiempo hecho sustancia de significados inefables -por sentidos- tan insondable como estas mis verdades íntimas que sigo descubriendo.
domenica 17 febbraio 2013
Insondables
sabato 2 febbraio 2013
Deseo
Los 23 minutos que cada mañana de lunes a viernes tardo en ir de mi casa al trabajo son altamente productivos para mi psique.
Conclusiones muy valiosas para mí son a las que estoy llegando cuando subo la calle Avemaría, y, recorriendo la calle León, cruzo la plaza de Las Cortes y llego a mi destino.
Por ejemplo: La otra mañana me descubrí pensando ¿Y si fuera yo? ¿De verdad estoy pensando esto? ¿Acaso puede ser cierto que Y si fuera yo acabe de ser producido por mi pensamiento? ¿Qué me conduce a seguir creando en mi mente ficciones imposibles?
Entonces me ocurre algo parecido a lo que le ocurre a Jeanne Moureau en el minuto tres de este corte de la película La Notte de Antonioni.
Entonces me ocurre que comienzo a esperar un pensamiento, un pensamiento que siento venir (pausa, entonces ella señala su cabeza con su mano haciendo un movimiento circular sobre su cogote), está aquí, sobre mi cabeza, Marcelo la mira, sonríe con desafección y continúa mirando cómo la contorsionista consigue no derramar la copa de vino durante su espectáculo.
Ese pensamiento que siente venir llega esa noche, cuando lo Otro responde: el deseo. Es el deseo, Marina, es el deseo el que te conduce a seguir creando en tu mente ficciones imposibles. Es el deseo el que oculta la realidad. Y el que, en tantas ocasiones, ha hecho que decidieras no antender a su evidencia.
Y es tu confusión, Marina, confundiendo el objeto del deseo con el deseo, el que te provoca esta insatisfacción y tristeza.
El único consuelo que encuentro ahora a mi insatisfacción es haber empezado a atender a su evidencia: la de la realidad y la del deseo.
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