venerdì 23 dicembre 2016

Y si me pongo a llorar

Y si me pongo a llorar, pensé, y si me pongo a llorar ahora que me abrazas. Ahora que me abrazas.

Y cuando vuelvas a abrazarme, cuando vuelvas a abrazarme con tu cariño cristalino, y yo vuelva a tocarte, entonces Miguel, entonces solo voy a querer llorar. Llorar, o que estalle mi corazón.



sabato 23 gennaio 2016

Penitente

Posar para un artista, ser su modelo y que mi rostro pase a la posteridad continúa siendo una fantasía recurrente. Por si acaso llegara un día en el que se cumpliera este anhelo, yo ya he empezado a practicar, y últimamente, cuando me hacen una foto, aprovecho, y poso. No es por nada, pero yo a mis posados les veo potencial. 

Para la foto que me tomaron el día que conocí a Alejandro emulé un posado inspirada en el cuadro de José de Ribera Magdalena penitente. No tuve duda, joder, estaba en una boda, sola, soltera, sola, y cómo no ver un día como aquel en el que se celebraba el amor mi soledad como una penitencia. Y cómo no arrepentirme, así, con mis manos en postura de oración y mis ojos dirigidos hacia lo alto como salgo en la foto que me tomaron el día que conocí a Alejandro, de todas las oportunidades que he dejado pasar y que no olvido. Cómo no pedir la absolución de mis pecados, y mi liberación, en una noche como aquella.   


Aquel posado lo hice momentos antes de conocer a Alejandro en la barra libre, antes de que me besara en el cuello y antes de que yo le pidiera que me llevara a su casa. Ahora, después, vuelvo a mirar la foto y pareciera como si, en lugar de estar pidiendo la absolución de mis pecados pasados, estuviera pidiéndole a Dios que por favor, que por favor el tío que me iba a follar aquella noche no fuera un capullo. 

Sigo haciendo penitencia. 

mercoledì 20 gennaio 2016

John Banville y el consuelo

Las historias que leemos en las novelas consuelan. Esta es una de las razones por las que muchos de nosotros seguimos leyendo, buscando historias que acompañen a nuestro desconsuelo mostrándonos la vida de otros que, en ocasiones, tan cercanas están a la nuestra. A mí, por ejemplo, me consuelan los relatos de John Banville. Y digo "relato" por el modo en el que la construcción simbólica de los relatos del escritor irlandés me ayuda a vivir.

Por ejemplo: hoy imagino un monólogo interior de mi tío Álvaro, en coma durante semanas en el hospital, describiendo todo lo que estaba ocurriendo a su alrededor, escuchando las últimas palabras pronunciadas por las personas a las que más amó, dándole respuesta a esas palabras secretas e íntimas, y evocando su propia vida a través de las canciones que sus hijos le cantaban en sus visitas al hospital que él mismo les enseñó.  Pienso entonces en Los infinitos y en la maestría narrativa de John Banville haciendo que el guía del último viaje de su protagonista fuera el dios griego Hermes. No es que haya semejanzas entre la historia familiar que se describe en la novela y la de la familia de mi tío, ni tampoco que haya encontrado un recurso narrativo tan potente como el que encontró John Banville para su novela Los infitinitos para este relato que imagino, pero me consuela imaginar la voz de mi tío, de mi querido tío Álvaro, narrando todo el amor irrevocable y manifiesto de sus hijos.

Como ahora ante el desconsuelo de la muerte evoco Los infinitos, otras veces he evocado la novela de John Banville Antigua luz. Otras veces cuando he vuelvo a soñar con él y, ya despierta, he pensado en la insistencia del recuerdo. Me consuela pensar que mi recuerdo también estará errando, y saber que hay antiguos recuerdos que a algunos nos acompañarán toda la vida.