Escucho de madrugada en la radio que este año 2013 se celebra el 50 aniversario de la publicación de Rayuela. Rayuela, la novela de Julio Cortázar.
He releído Rayuela en varios momentos de mi vida (2001, 2002 y 2011). La primera relectura la hice por placer. La segunda, para buscarme (a mí también me llamaron La Maga). Años después (la tercera) volví a Rayuela, como una autómata, buscando otras respuestas a preguntas erradas; afortunadamente me aburrí e interrumpí la lectura.
-Dijo que yo era La Maga.
-¿Pero qué pasa con La Maga? ¿Por qué llevo tantos años escuchando en boca de mis pacientes que a quien están buscando es a La Maga?, preguntó entonces mi terapeuta.
-¡No me jodas! (en terapia digo muchas palabrotas), ¿son muchos los hombres que en terapia te han contado que están buscando a La Maga?
-Sí
-¿Pero qué pasa con La Maga?
-Sí, ¿pero qué pasa con La Maga?
Hombres postadolescentes que siguen buscando a La Maga: ¡Pero si la Maga era estúpida!¡Pero si el personaje de La Maga no hace otra cosa que ahondar en el profundo sentimiento de vacío que siente Horacio en París (y en Buenos Aires, su recuerdo atormentado)! ¡Pero si en Rayuela no hay amor! ¡Pero si en Rayuela sólo hay búsqueda frustrada! ¡Pero si el amor es un puente que no puede sostenerse de un solo lado!
-Quizá sólo han leído el primer capítulo de Rayuela (que es el segundo, en este juego al lector, como el juego de la vida, que nos propuso Cortázar en Rayuela). Entonces sí, hombres postadolescentes que siguen buscando a La Maga, si os quedásteis en el primer capítulo de Rayuela, que es el segundo, sí, esa pregunta nos la hemos hecho todos: ¿Encontraría a La Maga?
martedì 22 gennaio 2013
¿Pero qué pasa con La Maga?
domenica 13 gennaio 2013
Yo fui Nevers
Me preguntaban ayer ¿has visto Hiroshima mon amour?, sí he visto Hiroshima mon amour.Yo fui Nevers, podía haber contestado. Pero contesté podría decirte qué veía por la ventana de aquel autobús la primera vez que alguien me habló de esa película.
Lo único que da el tiempo, además de la muerte, es poder mirar lo que en el pasado te desgarró el corazón y burlate de ello. No me da otra cosa, si no me ayudó a olvidarme de él en tantos años en los que su recuerdo me acompañaba como si fuera una sombra de mí misma.
Lo único que me ha dado el tiempo pues es poder contar ahora que puedo decirte qué veía por la ventana de aquel autobús la primera vez que alguien me habló de esa película, es curioso, es curioso que la primera película de la que me hablara fuera Hiroshima mon amour y que dos años después me dejara después de ver A los que aman.
Tantos años después me gusta contar esta historia así, como si estuviera riéndome de mi misma, como si el único valor que tuviera aquella historia fuera el relato que años después he construído, el relato de un hombre frustrado cuyo sueño era ser director de cine que me dejó después de ver aquella mierda de película con la que él concluyó que no podía compartir conmigo quien él era.
Él era Hiroshima. Y después yo fui Nevers. Después yo fui Nevers hasta que empecé a reírme de mí misma.