La última vez que me pasó algo parecido fue en otoño del año 2006, cuando se quemó mi casa de la Warschauerstrasse en Berlín. Cuando me quedé sin nada y no me importó, porque nada sentía que tenía.
Otoño del año 2006 es hace mucho tiempo para no haber vuelto a sentir la urgencia de la piel con tanta intensidad. Entonces el fuego que todo lo destruye podía jusfificar que mis manos, sobre todo mis manos, mi boca, mis nalgas, mi cuello, mi nariz, mis senos, mis muslos, mis pies... mi piel, fueran tanta fuente de placer como tantas veces lo ha sido mi vagina.
Por cierto, María ya no habla aquí, porque María no sabe lo que significa la urgencia de la piel.
Si entonces el fuego lo justificaba. ¿Qué lo justifica ahora?
Hoy puedo decirlo: mi voluntad lo justifica.
martedì 23 luglio 2013
Fuego
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