lunedì 16 luglio 2012

Jan Lindmayer

"Wir hören die vierte Symphonie von Brahms seit Jahren immer wieder, wieder und wieder, lieben den Karajan, noch mehr den Bernstein, bewundern Jansons, Abbado, Knappertsbusch und Celibidache. Und sogar mit Gardiner und Rattle können wir uns anfreunden. Am meisten lieben wir natürlich den glänzenden, ewig unübertroffenen Carlos Kleiber.
Doch dann...hören wir plötzlich Furtwängler...und ohne es zu wollen, fallen wir wehrlos in eine nie da gewesene morgendliche Ohnmacht rauschhaften Glücks". 

Intento de traducción al español: Escuchamos la cuarta sinfonía de Brahms desde hace años una y otra vez,  (immer wieder, wieder und wieder, esto os digo yo que es una influencia de Thomas Bernhard en Jan), una y otra vez, amamos la de Karajan, aún más la de Bernstein, nos fascina la de Jansons, Abado, Knappertsbusch y Celibidache. Incluso con la de Gardiner y Rattle podemos encariñarnos. La que más nos gusta es, naturalmente, la brillante, eternamente inmutable de Carlos Kleiber. Entonces, de pronto, nos econtramos con la versión de Furtwängler, y sin quererlo, "fallen wir wehrlos in eine nie da gewesene morgendliche Ohnmacht rauschhaften Glücks". Vaya, que esta frase no consigo traducirla, pero nos habla de felicidad y de zozobra inesperada.

Hace poco recibí este mensaje de Jan que aquí traduzco y que quiero compartir con vosotros, porque tiene un poco de Thomas Bernhard, porque está maravillosamente escrito (soy incapaz de reproducirlo, de interpretarlo, de traducirlo fielmente), porque conocer el alemán merece la pena cuando leo las palabras de Jan, cuando leo palabras como wehrlos, anfreuen...y porque es una forma de compartir con vosotros el gran amor que siento por Jan Lindmayer. Es algo así como esta frase que no os he podido traducir, "fallen wir wehrlos in eine nie da gewesene morgendliche Ohnmacht rauschhaften Glücks", lo que siento cuando Jan Lindmeyer viene a visitarme, un estado de alegría lleno de comprensión y escucha que no puedo traducir muy parecido a la alegría que puede sentir él cuando escucha la interpretación de Furtwangler de la cuarta de Brahms.

Amigos, atención a lo que llega en el minuto 20:58: