Debería haberme dado miedo y no me lo dio. Escuchar quince años después las mismas palabras, la boca de otra persona, los ojos de otra persona, la voz de otra persona, las manos de otra persona, y las mismas palabras. Escuchar las mismas palabras para saber qué llegará después. Ahora podría decir qué va a pasar, después, qué va a decir, después, pienso, y lo dice.
Y pasa. Esto sí que tendría que darme miedo. Pero me inclino más a pensar que todo esto, estas reproducciones, no son más que escenas de una historia cuyo guión precisa revisión.
* Quizá bajaron a buscarme pero miraron atrás.
