Aquella noche fue perfecta. La
noche de nuestra primera cita fue perfecta. O casi.
La noche de nuestra primera cita
hubiera sido perfecta si, después, nos hubiéramos enamorado.
Si después nos hubiéramos
enamorado recordaríamos ahora aquella calurosa noche de
verano y la lluvia que después cayó. Recordaríamos, en noches de tormenas de verano como esta, la lluvia que caía aquella
noche y las gotas de agua que después,
retenidas en las hojas del cerezo bajo el que nos sentamos después, nos caían
sobre la piel, la piel que después seríamos.
Si después nos hubiéramos
enamorado, recordaríamos entonces aquella noche. Recordaríamos, entonces, la
noche perfecta.
giovedì 19 giugno 2014
La noche perfecta
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