Y canto, canto feliz se me olvidó que te olvidé. ¡Qué silencio! ¡Qué serenidad! ¡Cuánta calma y esperanza en mi corazón!
Canto feliz se me olvidó que te olvidé, hasta que miro mi cuerpo desnudo frente al espejo.
Tendrá que ver con el paso del tiempo y con las señales que de este transcurrir busco ya en mi cuerpo que largos son ya los meses que, desnuda frente al espejo, me detengo a observar con detenimiento el reflejo de mi cuerpo que el espejo me devuelve.
No es sólo el desconsueo del tempus fugit este mirar detenido de mi cuerpo desnudo, sino una voluntad de celebración, de celebración de mi cuerpo todavía turgente... aunque, mirándolo de otro modo, la celebración de mi cuerpo todavía turgente frente al espejo podría ser considerada también como una variación de tempus fugit.
Y es cuando, desnuda frente al espejo, me detengo en mis pechos y me recreo en su belleza cuando lo veo, cuando veo el pequeño capilar roto que tengo debajo del seno izquierdo.
Hay una marca en mi pecho de un pasado que se me olvida que olvidé, pero que recuerdo, y no puedo evitarlo, en estos momentos íntimos de celebración de mi cuerpo frente al espejo.
Nessun commento:
Posta un commento