Haciendo un paralelismo que, a estas horas de la noche, me parece bastante razonable, me atrevo a afirmar: del mismo modo que siguen llegando a mis manos -y descubriendo- novelas ejemplares que siguen sorprendiéndome, una buena experiencia sexual es comparable con la mejor experiencia de lectura de un buen texto literario.
A estas alturas de mi proceso de maduración literaria lo que le exijo a una buena novela es la sorpresa, el descubrimiento de un estilo, el abordamiento de nuevos temas, la presentación de experiencias y perspectivas desconocidas, la excitación de las palabras. Chelsil Beach, Verano, El malogrado, son buenos ejemplos de ello. Porque, ¿acaso no es una sorpresa, entre el volumen ingente de floja literatura que ya se ha escrito y que se seguriá escribiendo, el encuentro de estas novelas ejemplares?
La única diferencia entre mi maduración lectora y mi cuerpo es que, aunque anoche descubriera que la sorpresa también es un factor clave de la sexualidad, este descubrimiento sólo me conduce a una conclusión (que, por cierto, implica insoslayablemente acción): ¡ha llegado la hora de la revolución textual!
*Nota: profundizar en la idea del sexo como texto.
domenica 25 agosto 2013
Novelas ejemplares y sexo: Paralelismos
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