Lo juro. Juro que estaba convencida, segura, de que nunca, jamás, las reflexiones en torno al destino volverían a formar parte de mis pensamientos cotidianos. Era un compromiso íntimo que había establecido conmigo misma y así desterrar esa tendencia cursi y sensiblera tan propia de la adolescencia y de la postadolescencia (con lo que damos por hecho que he entrado en la etapa madura de mi vida). La fascinación leyendo Rayuela de Cortázar (y sus cuentos) tiene que ver con ello, por ejemplo.
Como decía, se suponía que las reflexiones en torno al destino, a si lo que nos ocurre es una simple concatenación de casualidades que acaecen fortuitamente ajenas a nuestra voluntad, o lo otro, la causalidad, la causalidad de aquello que nos sucede y que, sentimos, determina nuestro destino. Como decía, este tipo de pensamientos estaban destinados al ostracismo desde un tiempo a esta parte, decidida, como estoy decidida estos últimos meses, a simplemente (de nuevo, la cursiva), existir. A existir y a dejar a un lado reflexiones transcendentales de este tipo.
Sin embargo hoy, con luz de otoño y lluvia anunciada, me he reconocido, de nuevo, pensando en el destino. ¿He elegido yo trabajar donde trabajo ahora?,pensaba, sólo en parte, seguía pensando. No he elegido a mi familia, no he elegido a mis hermanos, ni el lugar donde he nacido, ni mi nacionalidad, ni no pasar hambre, ni mis dotes físicas e intelectuales. Por no elegir, pensaba yo esta mañana, ni siquiera elegí enamorarme de Satán, ni sentir aquel desgarro que hace poco he vuelto a recordar viendo la película "The Deep Blue Sea".
Antes de continuar, para que este texto forme realmente parte de la etapa madura de mi vida en la que me encuentro, he de afirmar rotundamente: era imposible que yo hubiera elegido libremente enamorarme de Satán.
Y como decía, si yo no he elegido nada de esto, ¿qué está en mi mano elegir? ¿Que es lo que yo puedo elegir? Es entonces cuando he reconocido como una revelación, y como novedad en mi vida, cierta rebelación contra mi destino. Porque, admitámoslo,a pesar de que este tipo de pensamientos parecían muertos, lo cierto, y he de reconocerlo aquí, existen breves instantes, en mi vida al menos, en los que puede llegar a sentirse el destino. Y es en ese sentimiento, alejado de aquellas disyuntivas postadolescentes o formulaciones de preguntas erróneas, donde nace la verdad.
venerdì 12 ottobre 2012
Lo juro
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Elige la luz. Puedes elegirla. La has elegido. Yo estoy ahí. Satán no.
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