El 09 de noviembre de 2013, después de observar las estupideces que estaba diciendo con respecto a una historia truncada recientemente acontecida, he recordado este post y he decido eliminarlo. Vila-Matas y Banville tienen razón y yo me equivocaba cuando escribía esto.
Escribe
Vila-Matas en el suplemento Babelia de El País del sábado 17 de septiembre que
es su experiencia que "ficción y vida se repelen". Curioso, pienso,
que diga esto precisamente él, adalid español de la autoficción. A continuación, como refutación de esta idea, habla de
John Banville, escritor que he conocido este verano a medias (a medias porque
tengo dudas de la traducción que ha caído entre mis manos de El Mar) y de cómo supo por una
entrevista que este, John Banville, dice haber descubierto recientemente, y
cito literalmente de Vila-Matas, que “jamás se puede mezclar ficción y
realidad, pues cuando uno trata de insertar en la ficción nociones directas,
nociones científicas, no encaja por ningún motivo: Aún no comprendo cuál es el
proceso, pero es como someterse a un trasplante de hígado: el cuerpo lo
rechaza. La ficción, al menos la mía, repudia las ideas tomadas directamente
del mundo”.
Me
he acordado de las palabras de Vila-Matas y John Banville esta tarde silenciosa
mientras observo la sombra en movimiento de las hojas afiladas de los árboles
frente a mi ventana reflejadas sobre la blanca pared de mi habitación no sólo
porque no puedo estar de acuerdo con las palabras de John Banville (si el dolor
profundo e insondable que siente Max Morden, el protagonista de El mar, no procede directamente del
mundo ¿de dónde procede?), sino porque ando yo últimamente dándole vueltas a
otro asunto aparentemente de otra índole en el que sin embargo e
inevitablemente no he podido dejar de encontrar asociaciones con esto que dice
Vila-Matas.
Porque
ando un tiempo pensando en la posibilidad de mi intuición y en cómo puedo saber si estoy acertando en mis
predicciones (cuando acierto) porque efectivamente soy una persona intuitiva, o
simplemente porque soy una muy buena observadora de la realidad. Y es
precisamente, cuando andaba yo pensando en estos asuntos, cuando he recordado
las palabras de Vila-Matas que leí en Babelia... pensando si acaso no será en
mi caso más normal que esta lógica de los acontecimientos que observo en la
vida de las personas que me rodean (o las predicciones) no haya podido
aprenderla antes en algunos libros de ficción que gracias a una hipotética y
sabia observación de la realidad (descartando la posibilidad de toda
intuición). Recuerdo entonces a Dorothy Parker, a Ian Mcewan, a Don Delillo…
Vila
Matas continúa en su artículo hablando de la reproducción y de la realidad alterna que intenta fabricar el arte,
lo que me tranquiliza (¡ay si no nos hubiéramos metido a hablar de asuntos
incorregibles como la realidad y ficción!...¡y yo que pensaba que este era un
asunto superado en el siglo XIX!). Volviendo a citar a John Banville: “el arte
no es para nada la vida, sólo se le parece”. En esto sí estoy de acuerdo.
Aún vivimos en el s. XIX, tanto en la realidad como en la ficción; y en el amor, por supuesto, que es las dos cosas anteriores a la vez.
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