Empecé a escribir en este blog con entradas tituladas "principios de libro". No tengo con este post la intención de crear ninguna nueva serie, pero haberme terminado Submundo de Don Delillo lo merece, por sus 883 páginas, porque es uno de los mejores finales de libro que me he leído en mucho tiempo y porque deja sólo adivinar que hay algo que no he entendido y esto de saber que hay algo que no entiendo parece que me excita (intelectualmente). Así que ahí va un bien merecido corta y pega.
"¿Es el ciberespacio algo contenido en el mundo o es al revés? (*nota de María: no es esta novela una novela ciberpunk, sólo que es en este punto, al final del libro, cuando nuestro narrador habla por primera vez de la World Wide Web, con cierta lógica, claro, porque la novela cronológicamente va de atrás para adelante, toda vez que entiendo que es posible que con este final el narrador esté haciéndole un guiño a Dondelillo y al estilo de la novela, que algunos consideran inspirado en el hiperlink)
¿Qué contiene lo otro, y cómo saberlo a ciencia cierta?
(...)
Una única palabra seráfica. Puedes examinar la palabra mediante un clic, escudriñar sus orígenes, su desarrollo, su primera utilización conocida, su tránsito de un idioma a otro, y puedes invocarla en sánscrito, griego, latín y árabe, en un millar de lenguas y dialectos vivos y muertos, y localizarla en citas literarias, y seguir su rastro a lo largo del submundo de túneles que conforman sus raíces ancestrales.
Ajustar, acoplar firmemente, unir.
Y puedes mirar un instante por la ventana, distraído por el sonido de los chiquillos que juegan a un juego inventado en el patio del vecino, a una especie de fútbol tal vez, y hablan con tu voz, y es tu voz la que oyes, esencialmente, bajo el cielo iridiscente, y contemplas las cosas que hay en la estancia, fuera de campo, fuera de la web, la textura granulosa de la mesa del escritorio, viva bajo la luz, la espesa sustancia vívida de las cosas, la discusión de las cosas que hay que ver y devorar, el corazón de manzana que va tornándose sepia sobre la bandeja de la cena, y los densos grados de experiencia con un vistazo casual, la vela de monje reflejada en el costado del teléfono, horas señaladas con números romanos, y el brillo de la cera, y el rizo de la mecha trenzada, y el borde desportillado de la jarra en la que guardas los lápices amarillos, absurdamente torcidos, y las vidas desordenadas de la más simple de las superficies, la mantequilla derritiéndose sobre las migas del pan, y el amarillo del amarillo de los lápices, e intentas imaginarte la palabra de la pantalla convirtiéndose en algo de este mundo, trasladando todos sus significado, su sentido de serenidades y satisfacciones, a la calle, de alguna manera, su susurro de reconcidiliación, una palabra que se extiende eternamente hacia fuera ..."
y así sigue unas cuantas líneas más hasta el final. La última palabra es Paz.
sabato 17 settembre 2011
Finales de libro
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guau...
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