En realidad la culpa es de su madre. La culpa de que no me quiera es de su madre, y es por eso que tengo que conocerla. Y es por eso que tiene que conocerme. Sólo tiene que conocerme su madre para que, él, me quiera. Sólo tengo que conseguir ir a su casa, con él, y que le diga, él, Mami, te presento a María, y sonreírle a su madre, yo, para que entonces, él, comience a quererme.
He escuchado cuentos de princesas mejores que este.
¡Me encanta, Miss Bernhard!
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