giovedì 10 febbraio 2011

El TOC y el amor

El otro día le contaron a María que nuestro cerebro desprende la misma sustancia cuando estás enamorado que cuando sufres un TOC. Ah, vale, ahora lo entiendo todo, pensó María.

María desconoce los mecanismos del cerebro cuando sufrimos un TOC, si bien María puede saber que un TOC es un Transtorno Obsesivo Compulsivo que sufre menos del 2% de la población y que suele afectar a personas perfeccionistas con altas dosis de autoexigencia. Como decíamos, ciertos estudios han comprobado que cuando nos enamoramos nuestro cerebro suministra la misma cantidad de serotonina que cuando sufrimos de un transtorno obsesivo compulsivo (TOC). Entonces, el ser amado, o, lo que creemos que es el ser amado, ¿sería en este sentido igual al pensamiento obsesivo que lleva al que sufrue un TOC a comportarse compulsivamente, acometiendo ritualmente acciones de todo tipo?. El ser amado estaría por tanto al mismo nivel que el pensamiento obsesivo que sufre el afectado por un TOC que le lleva a lavarse las manos decenas de veces a lo largo del día; lo mismo que el pensamiento terrible de imaginar que puedes hacerle daño a alguien querido, o igual que pensar constantemente que el mundo se va a acabar por culpa del cambio climático, o que el pensamiento tormentoso y constante de que puedes hacerte daño a ti mismo, etc, etc, etc. Entonces, y por tanto, ¿puede María eliminarlo (al ser amado, o mejor dicho, el pensamiento del ser amado) lavándose más frecuentemente las manos ¿O reordenando una y otra vez los armarios de su casa por colores? ¿O comprobando durante una hora al día cada vez que sale de casa si ha apagado el gas?

Lo lamentable de todo esto es que María haya terminado haciendo una analogía (prueba contraria de cualquier inteligencia) entre el TOC y el Amor, como si todo a su alrededor estuviera afectado de analogías, y sucumbiendo de nuevo en fatuos juegos silogísticos.

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