mercoledì 2 novembre 2011

Peregrinaciones


Veo una imagen de la tumba de Thomas Bernhard, y leo que en su testamentó pidió que no tuviese inscripción alguna y que, según sigo leyendo, prohibió toda representación o publicación de su obra en su país durante la vigencia de sus derechos de autor (70 años), y pienso que tal vez existen peregrinos, bebedores de palabras adolecidos de una sed insaciable, que recorren grandes distancias geográficas -inmensurables distancias interiores- para visitar su tumba. También pienso en los austriacos; pienso en cómo sus obsesiones y su megalomaníaca estructura emocional pervive tras su muerte como un legado -incluso indeseado, pienso- o como un virus.

Pienso también en María, claro.

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