martedì 1 luglio 2008

De géneros literarios


Pensaba en vosotras... en eso que llaman "oposición" y que consiste en todo menos en oponerse... y navegando cual mosquito en cáscara de nuez me encuentro este artículo acerca de los géneros literarios del escritor Vicente Luis Mora... y pienso en la más rubia y en el número ¿24?. Copio y pego.


Los géneros en cuestión [A la manera de Mario Bellatin]


Me pregunta E. B. mi opinión sobre los géneros mientras que, en el mismo instante, I. B. cuelga en mi blog un comentario preguntándome mi opinión sobre los géneros.

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Lo primero que tengo que decir sobre los géneros es que lo único que tengo claro sobre este tema es mi perplejidad ante el mismo. Quizá esta perplejidad sea también lo único y último que tenga que decir.

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Por si acaso no fuera lo único, aunque sí será, en cualquier caso, lo último, aseveraría, de modo nada terminante, que los géneros son lo que combato como escritor y que, en consecuencia, como crítico, tampoco los combato.

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Los géneros tienen, digamos desde el principio del siglo XX, una naturaleza tensional: aquello que los define es la oposición de unos contra otros; los caracteriza algo que debe buscarse en el espejo del otro, de modo que no nos equivocaremos demasiado si decimos que los géneros son aquello que no son.

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¿Qué es esto que escribo? No es crítica. No es narrativa. No es poesía. No es relato breve. ¿Podría ser teoría? Imaginemos –y no es poco fantasear– que sí. La teoría sería aquella forma de expresión literaria que es diferente de todas las demás, sin dejar de ocupar, por completo, el espacio que aquéllas ocupan.

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Levanto la vista y miro en torno: un mapa de París, una carta de restaurante, pizarras con precios y recetas especiales del día, la etiqueta de un refresco, un catálogo de arte. Forma general: escritura informativa. Forma textual: fragmento. Forma expresiva de recepción, género literario: apunte.

Otra posible tensión del género: intenta concretar la semántica de lo general en la dinámica formal particular de lo concreto.

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Si escribo un conjunto de relatos hilados cuyos personajes sean los clientes de este bar, ¿es un libro de cuentos hilados o una novela?

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Son las 9.35 pm. Género: apunte impresionista.

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La elección sobre el género de una obra, ¿depende del escritor, del editor, del crítico o del público?

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Mesas vacías.
Tenedores tumbados
sueñan con bosques.

[Posible género: haiku occidental falsificado]

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Si los géneros fueran algo decisivo, necesario, importante, de auténtica relevancia, ¿no sabríamos al menos quién es el responsable de adjudicarlos?

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Y, por el contrario, si los géneros no fueran algo decisivo, necesario, importante, de auténtica relevancia, ¿por qué hay tantas formas híbridas, mestizas, anfibias, transversales, empeñadas, explícita e implícitamente, desde hace 20 años, en combatirlos?

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¿Puede defenderse lo que no hace falta?

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¿Puede combatirse con vehemencia y generalizadamente algo que no está muy vivo y sólido?

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¿Sería otra tensión estructural de los géneros la lucha por la propia resistencia?

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En una mesa a mi derecha hay una mujer y tres hombres. Es una combinación extraña, infrecuente, sobre todo si tienen todos más o menos la misma edad, como es el caso. Tal situación de partida, una mujer y tres hombres, implica, al menos y siempre moviéndonos en el ámbito de lo sexualmente correcto, tres posibilidades diferentes de relación sentimental. Hay una cuarta: la ausencia de relación ajena a la amistad de la mujer con cualquiera de los tres hombres, es decir: la ausencia de relación sentimental.
Puedo contar la historia de esa mesa de tres formas: relato, poema, novela. Hay un cuarto: una forma híbrida que excluya cualquiera de las anteriores. Si la filosofía occidental es, en buena parte, la historia del principio de tercio excluido, quizá la de la literatura del siglo XXI sea la del cuarto excluido. Con esto no quiero decir nada más allá de lo que se dice.

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¿Es un relato un poema novelado?

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Escuchemos:

“Un nuevo contenido aparece solamente en el momento en que se acceden a nuevos procedimientos de expresión, a una forma nueva. Si hay una forma nueva, hay en consecuencia un contenido nuevo, de tal modo que la forma es la que condiciona el contenido”; A. Kruchenij, Los nuevos caminos de la palabra.

“Y de hecho, no son las formas exteriores las que materializan el contenido de una obra artística, sino las fuerzas vivas inherentes a la forma, o sea, las tensiones. El contenido de una obra encuentra su expresión en la composición, es decir, en la suma interior organizada de las tensiones necesarias en cada caso”; W. Kandinsky, Punto y línea sobre el plano.


Ambos eran rusos y ambos muy listos. ¿A quién hacemos caso?

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El camarero esconde un cuchillo en el muslo, por debajo del pantalón. Cuando mira al compañero que atiende la barra, se palpa, imperceptiblemente, el cinturón de cuero.

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Planteemos una hipótesis. Genericidad y antigenericidad. Un texto literario tiene genericidad cuando se inserta, voluntariamente, dentro de una tradición genérica. Es antigenérico cuando quiere huir de ella. Pensemos, como debe hacerse, a partir de lo concreto (es la única filosofía que, además de para la mente, vale para la vida). Pensemos en Borges. Historia universal de la infamia es un texto antigenérico, quiere huir desesperadamente de la forma del relato. Es una fuga, una lucha por alcanzar la velocidad de escape. El zahir o Funes el memorioso serían genéricos: con voluntad notable pretenden ser cuentos inolvidables. La montaña mágica es una novela genérica. El Finnegan’s o Danubio son antigenéricas. ¿Qué es El mono gramático? ¿De qué huye? ¿Qué pretende ser? ¿Cabría un tertius genus, la agenericidad, un delicado camino entre ambas vías que habría que estudiar y definir caso por caso? ¿Sería esa agenericidad una plausible definición de la auténtica hibridez genérica?

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Lo último que tengo que decir sobre los géneros es mi perplejidad ante la cuestión. Me temo que esta perplejidad es, del mismo modo, lo primero que tengo que decir.

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